Ya no quedan arcillas a los pies de los Mansuetos

En el 2007 ya no quedaban los alfares de las ollerias, aunque habían encontrado hornos antiguos en la zona de Los Arcos, no  esta asegurado que sean conservados Tampoco queda en la ciudad las fabricas de ladrillos, solo un empresa comercializa, pero ubicada en el Polígono industrial de la Paz. Pero las minas siguen extrayendo arcillas, con una nula restauración. A su vera hoy las atraviesa la nueva vía perimetral de barrios, próxima a inaugurarse. En base a ella se pretende urbanizar el suelo que linda…… esperemos que al menos sirva para restaurar las minas y recuperar este paisaje para la ciudad.

Actualmente en el año 2016  hace ya unos años que llegó la autovía mudejar, seguimos  con un tren que agoniza, se transformó la Glorieta en un intento fallido de recuperar una imagen de su pasado. También se concluye un programa Life, con fondos europeos, para restaurar las canteras. Se ha repoblado, se ha explanado, pero verdaderamente no se han regenerado el área las canteras de arcillas.  Desconozco lo que nos dirán de Europa, porque plantar árboles no es restaurar. Tampoco la ciudad  se ha implicado en el proyecto, y tiene pendiente una apuesta de cambios de hábitos para apostar por favorecer el desplazamiento peatonal y  el uso de la bicicleta.

ollería

 

 

Años de fabricar ladrillos y tejas, de llevarse la arcilla a otras tierras, como se llevaron sus gentes a los núcleos industriales, han roto la suavidad de las lomas y cárcavas rojas de las faldas de estos emblemáticos montes de Teruel. Se han transformado en perfiles rectos donde, con brusquedad, el rojo se transforma en blanco de yesos y calizas. Son zarpazos de un tiempo que avanza a grandes saltos, que no perdonan a quienes quedan rezagados con distinto paso.

Desde la ciudad, sus montes del este, allí de donde sale el Sol, son bonitos. A pesar de alguna plataforma de escombros, que ofrece ángulos rectilíneos donde miles de años se encargaron de borrarlos. Quienes han paseado por ello, saben que bajo esa belleza se embute basura y escombros, que no se ve desde la lejanía de un viaducto, que comunica dos ciudades que son una. Es el testimonio de la falta de respeto de sus ciudadanos a su tierra, incapaces de evolucionar desde formas de vida propias de otros años en que subsistir era prioritario y no quedaba lugar para la poesía.

Encogidos dentro del abrigo, afrontamos con la misma indiferencia las primeras heladas de las mañanas de noviembre. En nuestra soledad pensamos, que otros deben ser los que vengan a sacarnos del olvido. Nos escondemos tras los tópicos del frío, de la guerra, de la despoblación, para no afrontar nuestra responsabilidad en el hoy, nuestro presente.

Al atardecer, la Glorieta, acoge los últimos rayos del Sol. Con ellos, viejos sentados en sus bancos rememoran sus tiempos con el ganado y la siega de los campos del pueblo, donde saben, que ya nunca regresarán. Sus arrugas palidecen en un rostro, al que ya no corta el Cierzo. Junto a ellos los niños juegan en columpios y toboganes. Todos, junto a una fuente, con figuras y sin aspersión, con la que los turolenses nunca se han identificado, añoran la estructura del parque antiguo con su templete.

Mirando al Sol, cerramos los ojos al mañana. Parecemos esperar siempre, que otros vengan a restaurar nuestro Patrimonio, a construirnos la Autovía, a devolvernos el Tren…, a comprendernos. Adormecidos, seguimos encogidos, ahora frente al último calor del día, al igual que en la mañana lo hicimos cuando la escarcha sonrojaba nuestras orejas gélidas.

El Ocaso, es por la Muela. Donde la propiedad de la tierra no permite que la tierra se llene de escombros y basura. Al mirarlo, siempre retorna el pasado, la crueldad de la guerra. Ni los atardeceres rojos son capaces de entonar un suspiro de esperanza en el futuro.

Anochece y regresamos a nuestra casa. Sentimos nuestro lo que hay dentro, nos esforzamos por identificarla con nosotros, la mantenemos limpia, apartamos el polvo del transcurrir del tiempo y cuidamos que el frío no invada sus rincones.

Mientras, la calle se queda sola, sin nadie. Sus ciudadanos olvidan, que la Ciudad también es suya. No parece que mejorarla sea un trabajo de pequeñas cosas a aportar por cada uno. Y se mira al dinero de los presupuestos, que llegue para las grandes obras, como el maná del cielo.

Como siempre, quizás tarde, la autovía llegue; más difícil lo tiene el ferrocarril. Es probable, ya pasó en otras ocasiones de la historia, que sea una vía rápida para huir, para pasar de largo.

Quienes queden, seguirán cruzando el viaducto, con el cuello del abrigo tapando sus orejas. Al menos, que éstas no se hielen bajo el frío y el viento.

Sobrevivirán, como las matas de sabina rastrera en los altos de la Sierra. Apenas levantan un metro del escaso suelo, azotadas por el viento nueve meses de invierno, y extienden sus raíces más allá de su copa, para aprovechar cada rincón de humedad en la angustia de los tres meses de infierno.

 

Anuncios

VIII. LAVIANO

Laviano

Trabajaba en la Masada de la Cuesta la Cera, camino del pueblo de San Blas, a escasos kilómetros de la ciudad de Teruel. Apenas llevaba un par de años en la ciudad, a la que había llegado desde Torrelacarcel unos años después de que su familia, camino de la ciudad y siguiendo la vía del tren, dejará el pueblo en busca de nuevas oportunidades. Toda su vida había trabajado de jornalero y criado en una de las haciendas del pueblo; allí se había quedado cuando sus padres y hermanos marcharon. Le conocían ya en Teruel como el Lechero de San Blas, pues cada mañana tras levantarse temprano para terminar de ordeñar las vacas que habían quedado pendientes la noche anterior, con una mula y un carro cargado de grandes lecheras recorría las calles vendiendo leche. Su padre había encontrado trabajo en una almacen de “envasados y coloniales” ubicado en La Ronda, junto al Torreón de la Muralla. Tenía un jornal mensual, era un sueldo seguro que no estaba fluctuando por llovía, nevaba o hacía calor. Además siempre obtenía algún extra en botellas de aceite, latas de conserva, saquillos de arroz, judías o garbanzos, que ayudaban a alimentar a una extensa familia con siete hijos.

Su hermano pequeño se acercaba muchas tardes a acompañarlo en la masada donde vívia solo. La masada era propiedad de un burgues de la ciudad, que simpatizaba con la Falange. Los primeros meses de la guerra civil era frecuente que, cerca de la casa y de los campos donde pastaban las vacas, cayeran sin explosionar proyectiles de artillería y aviación. Los dos hermanos los recogían y las colocaban alrededor de la pila de ciemo de la granja, como si fueran flores de hierro. Una noche explosionaron, por el calor del estiercol ó por la llegada de un nuevo proyectil que estalló, afortunadamente solo se exparció la mierda de las vacas sin otros daños personales ni materiales. Se llevaron un buen susto, a partir de aquel día supieron el peligro de la guerra, el riesgo de que el sonido silbante de las balas sin destino les atravesara su diminuto cuerpo a su paso, y se refugiaron dentro de la casa cuando escuchaban el rugir de aviones o cuando se intercambiaban tiros entre las dos líneas del frente.

El treinta de Mayo de mil novecientos treita y siete desapareció. No deja ninguna nota y lo buscaron sin éxito por si hubiera fallecido en alguna acequia cercana o en el río donde solía acudir a pescar cangrejos. Reclamado por unos milicianos, que atravesaron la vega del río Guadalaviar aprovechando la oscuridad durante la noche, acompañado de otro chaval, Juan Herrero de San Blas, se pasó a las tropas republicanos y se alistó en el cuerpo de carabineros. Los dos muchachos eran casi niños, con apenas diecisiete años cumplidos.

Los días de la toma de Teruel, en las navidades de ese mismo año entró en Teruel junto con el treinta y cinco batallón de carabineros, perteneciente a la División cuarenta y dos, la que mandaba el Capitán Nieto de ideología anarquista y que había ocupado posiciones en el barrio de La Aldehuela. Llegaron a la ciudad, tras las fuerzas de choque, entre las que se encontraba el Batallón Lincoln-Washington, para “poner orden”. Acompañaban a los comisarios políticos que aparecían tras la batalla. En muchas ocasiones viejos vecinos que habían huido y regresaban para identificar a aquellos que se habían significado del lado de los sublevados, a los que habían participado en linchamientos, a los responsables de fusilamientos en los primeros días del golpe de estado, también a quienes por cuestiones personales tenian ojeriza. Su presencia reprimía los primeros impulsos de los soldados en desvalijar la ciudad y tomar un tributo como pago a su esfuerzo; aunque ellos mismos, las tropas que debían poner orden, no dejarían pasar la oportunidad de tomar un abrigo con el que soportar el frío o algún jamón abandonado en alguna de las casas que iban registrando en busca de francotiradores ocultos.

Al término de la guerra, tras pasar por el campo de concentración de Soneja, regresó a Teruel. Se había iniciado un proceso penal por el fusilamiento de dos mujeres en los días después de la Navidad, ya terminando el año mil novecientos treinta y siete cuando la ciudad ya estaba ocupada por las tropas republicanas salvo los reductos franquistas acantonados en el Seminario. La declaración de Juan Herrero le implica, dice estar acompañado por él y otros dos soldados de Andalucía y Extremadura cuando fueron a comprobar e identificar, el día dos de enero de mil novecientos treinta y ocho, los cadaveres de dos mujeres asesinadas tras el edificio de La Beneficiencia. Es detenido nada más llegar a la ciudad. Su destino no fue el campo de concentración habilitado en Castralvo, donde trabajos forzados en la reconstrucción de infraestructuras podían redimirle la pena por día trabajado. Lo mandarón, tras su declaración ante el juez, directamente a la cárcel, primero en el Convento de Capuchinos de Teruel, después en la de San Juan de Motorrita en Zaragoza. No fue liberado hasta el mes de Junio de mil novecientos cuarenta y cuatro, en que lo sacaron para que falleciera en su casa. Estaba enfermo de tuberculosis, la enfermedad que le invadió lo pulmones debido a su sufrimiento durante la guerra y sobre todo el ocasionado durante el proceso de prisión: a la mala alimentación, a las condiciones higiénicas, a la palizas que recibió. Tenía veinticuatro años, demasiado jovén para envejecer de dolor. Antes de morir, al llegar a casa, tras dejarle salir del hospital sin esperanza en sanar y con los días de vida contados, liberó el jilguero encerrado en una jaula de madera con rejas de hilo de alambre. La familia lo abrazó, estuvieron a su lado, no lloraron mientras respiró, pero no hablaron; quien podía decirle a un joven que se moría. La muerte guillotinó la esperanza de quien había sacrificado su juventud por un sueño que se convirtió en pesadilla.

En los años de la primera década del siglo veintiuno se aflojó el nudo con el que el país había cerrado a la memoria histórica de hechos acaecidos durante la guerra civil y los primeros años de la dictadura. Los cordeles que ataban los legajos de su expediente, del sumarísimo a que fue sometido y que le llevó a la muerte, se abrieron. Su lectura revivió su historia y de ella surgieron preguntas. Primero por los motivos por los que un adolescente de dieciséis años opta por alistarse en el frente. Por como el frente de guerra le hace madurar, vivir con intensidad su vida, una vida a la que apenas le quedaban de tiempo siete años. Siembra dolor conocer las irregularidades y falta de defensa jurídica que se observan en el procedimiento de instrucción del proceso que le privó de la libertad, le hizo enfermar y le llevó a la muerte. El principal testigo, hermano e hijo de las mujeres asesinadas, reconoce conocerlo, pero también que no estaba junto a quienes se llevaron a su madre y hermana para fusilarlas, tampoco entre quienes lanzaron una granada en la cochinera y mataron a los cerdos, ni era ninguno de los que se llevaron la novilla que la familia guardaba en la cuadra. Sin embargo la sentencia de treinta años no se anuló ni se rebajó.

La batalla de Teruel ha sido narrada por diferentes autores. Pero apenas se ha escrito sobre los sufrimientos de la población civil desde el origen de la contienda. Fusilamientos y expurgas, de uno y otro bando, en las que en muchas ocasiones existían intereses personales y no ideológicos. La instrucción del expediente, que sentenció a Laviano, se ciñe sobre todo al barrio de las Cuevas del Siete. De las declaraciones durante la instrucción, de testigos y acusados, puede deducirse aspectos de la vida de aquellos días en las calles de la ciudad, cuando cayó en un infierno donde ardieron no sólo las propiedades de los vecinos, también todo su alma cobijada en el corazón a lo largo de una vida, cuya destrucción ya no se reconstruye nunca.

Unos meses después de que se alistará al cuerpo del carabineros del ejercito republicado, en los días en que la ciudad de Teruel durante apenas dos meses fue recuperada por el Gobierno legítimo, su familia fue evacuada y hasta el fin de la guerra estuvieron en Murcia. Aunque no los pudo ver cuando paseaba en los primeros días del año mil novecientos treinta y ocho por la calle del Tozal, cerca de la Calle Ainsas donde residían, conocío su destino en Caravaca y les visitó en alguna ocasión.

Rebuscando en la historia del aquél periodo histórico de España, conocemos que aquel campo de concentración de Soneja, donde estuvo retenido al terminar la guerra, también retuvo prisionero al intelectual y luego dramaturgo Buero Vallejo. En el frente de Teruel los miles de jóvenes que luchaban por la República entendiendo que luchaban por la libertad, muchos de ellos de las clases sociales más pobres del país, debieron compartir algún momento con el poeta Miguel Hernández. Sin duda esa experiencia debió marcar tanto a los intelectuales como a aquellos jóvenes, incluso niños que por excepcionales circunstancias eran soldados. Unos debieron aprender de los otros, sobre todos los afortunados que lograron sobrevivir.

La ingenuidad de aquellos jóvenes debió ir forjándose en su contacto con los comisarios políticos presentes en las Brigadas. Los comisarios que al ocupar pueblos y ciudades, acompañados de los soldados y del camarada del pueblo, iban casa por casa a detener, en muchos casos, durante los primeros momentos de la ocupación, a fusilar a quienes abiertamente se habían declarado del bando contrario, a quienes unos días antes habían actuado de igual manera con sus vecinos de izquierdas, en muchos casos, demasiados, a quienes debían deudas y con el desconcierto de la limpieza ideológica aprovechaban para liquidarlas señalándolo.

La ochenta y cuatro Brigada Mixta, en premio a su entrega y esfuerzo durante la toma de Teruel por la Republica, fue retirada de la primera línea de combate el día dieciseís de Enero, dirigiéndose a un convento de Rubielos de Mora con la promesa de descanso. Antes de las cuarenta y ocho horas de llegar tras realizar cincuenta y seís kilómetros a pie, el día diecisiete de Enero, ante la amenaza de perder la ciudad por el avance de las tropas franquistas enviadas a recuperarla, reciben una contraorden para volver al frente. Seiscientos hombres del primero y segundo batallón, “el Azaña” y “el Largo Caballero”, se sublevan. Por el Coronel Andrés Nieto son desarmados y reciben un castigo ejemplar, son fusilados, sin juicio previo, uno de cada diez amotinados. Catorce lograron escapar, cuarenta y seis militares fueron arrojados a una fosa común anónima. Triste destino para los supervivientes, “los heroes” que arrebataron al fascismo durante treinta días la primera capital de provincia de la nación, hazaña que no volvería a repetirse en toda la guerra.

Conforme el ejercito republicano se retiraba hacía el Levante, Laviano fue retrocediendo junto al resto de los soldados hasta que cayó Valencia, no sin antes seguir peleando, seguir sufriendo y resistiendo en la línea de fortificación XYZ, retrasando el destino final de quienes ya habían perdido la guerra, abandonados por Europa y por la población de la retaguardia que, sin sufrir el olor a la muerte en el frente, sentían el hambre y la continúa llegada de refugiados y de soldados destrozados por la batalla.

La lectura de la instrucción de su expediente penal, con las declaraciones de vecinos y acusados, revive el ambiente que se vivía en aquellos días en Teruel: miedo y odio. También la nulas garantías en que se desarrolló el juicio, sin ninguna posibilidad de defensa. Los cuatro acusados son declarados culpables. Uno de los acusados, “el Francés”, no es localizado. Otro, “el de la Morena”, es condenado a pena de muerte, que le  sería conmutada después de mil novecintos cuarenta y cinco saliendo en libertad provisional. Juan Herrero condenado a pena de prisión, obtendría también la libertad provisional, pero tras no presentarse a la comandancia de la Guardia Civil en el Barrio del Cabanyal en Valencia, es declarado profugo. Se incorporó al “maquis”, donde fue conocido como Juan el de San Blas. En la Agrupación GuerrilLera de Levante y Aragón (AGLA) participó al mando de Delicado en varias acciones. Delicado, había sido Capitán de inteligencia con el Ejercito de la Republica y después había colaborado con la Resistencia Francesa durante la Segunda Guerra Mundial. Juan Herrero falleció en Libros (Teruel) el veinticuatro de julio de mil novecientos cuarenta y ocho, durante un enfrentamiento con la Guardia Civil. Delicado fue víctima de las expurgas internas que en aquellos años también se realizaron dentro de la guerrilla, fruto del conflicto interno entre anarquista y comunistas arrastrado desde la la guerra civil.

Laviano falleció el ocho de junio de mil novecientos cuarenta y cuatro. No recuperó la libertad. Agonizó mientras coágulos de sangre ahogaban sus últimos suspiros derramados por una España carcomida por la guerra. El pueblo pobre, ya embarrado por los horrores de la batalla, terminó hundiéndose en los lodos de los fangos de la cienaga donde llevarón los vencedores a la nación. No es fácil recuperar el sueño por una sociedad igualitaría y justa. Tenemos esa deuda hacía aquellos que quedarón en el camino, tantos en fosas anónimas perdidas en medio del campo. Hemos aprendido que las armas sólo las compran los poderosos, su mano indiscrimianda dirigiendo la guadaña no mira a los ojos de quienes sufren su corte y ellos no reciben el dolor al tocar su filo. Sólo nos sirve el corazón y la razón como únicas herramientas para lograr llegar a la equidad y la justica sin dejar un rastro de sangre en el camino.

ECONOMÍA Y ECOLOGÍA

Mi inicio en el estudio de ciencias ambientales me volcó hacia un interés más global sobre el medio ambiente. El viaje familiar  a Paris, conocer uno de los centros urbanos que deciden en el mundo, me hizo entender como se estructura el Planeta: siempre unos pocos decidiendo y a beneficio de las minorías.

_14_1456

Estos días vivimos la amenaza de una gran guerra económica. Pese a que el siglo XXI debiera ser el siglo del medio ambiente, seguimos arrastrando las tendencias del siglo pasado.

El siglo XX fue el siglo de la Economía. La división del mundo obedece a criterios económicos, que han impulsado desde: la Unión Europea ratificada por el acuerdo de Maastricht de Diciembre de 1991, la caída del Muro de Berlín ó el derrumbamiento de la Europa del Este. Fijémonos, que los choques importantes entre la mayoría de los paises participantes en la cumbre de la Tierra de Río Janeiro, lo fueron por criterios económicos, pese a ser una conferencia organizada con la finalidad de proteger el medio ambiente. Ó que fenómeno sociales como la Navidad, son un hecho económico.

Antes de 1900, LA ECONOMIA nunca había tenido un papel cultura determinantes. -En el siglo XVII fue la Guerra de Religiones el hecho determinantes de la cultura, en el XVII lo fueron las Cortes Reales y en el XIX el surgimiento del Estado-Nación, producto de la revolución Burguesa-. A finales de este último siglo surge un fenómeno extensible económicamente, la industrialización, y con ello el surgimiento de la clase obrera. El colonialismo y las guerras mundiales, las crisis económicas mundiales , los totalitarismos y la bomba atómica, han sido la transición a nuestra cultura. En ella la capacidad de percepción de la gente ha estado determinada por realidades económicas (hambre y miseria, inflación, paro y carrera armamentista), pese a que en el centro de atención hubiera en disputa temas de otras naturaleza (conquistas, guerras, represión, racismo, genocidio) que agitaran los ánimos de vencedores y vencidos.

Los valores económicos han intentado traer razón, bienestar y paz a un mundo intoxicado por guerras, ideologías y abusos de poder. La economía ha sido el denominador común de la razón y el progreso, y este consenso ha logrado el comercio mundial, la ayuda al desarrollo, el fin de la guerra fría y el fomento e infraestructura de la tecnología. Pero nos hallamos ante el hecho de que la forma actual de la economía acarrea daños irreparables a la tierra y a los seres humanos que en ella viven, independientemente de las injusticias y penurias provocadas por la economía dominante, y hemos de recalcar que no es la biosfera la que tiene necesidad de ser protegida, pues no es ella la que esta en peligro, sino la supervivencia en ella del hombre.

Parece ser que están contados los bellos días del ingenuo Consenso Económico. El aumento del consumo choca con topes: “El consumo de Energía y otros recursos naturales del 10% de la población mundial más rica no puede ampliarse al restante 90% sin que la tierra sufra un colapso. Para cubrir el consumo de este 10% de la población, cada segundo, mil toneladas de tierra se pierden anegadas y arrastradas, tres mil metros cuadrados de bosque desaparecen (anualmente una superficie equivalente a Suiza y Austria juntas) y mil toneladas de gases se expulsan a la atmósfera agravando el efecto invernadero”. Ello ocasiona catástrofes locales, que se manifiestan entre otros factores por la polución en grandes núcleos urbanos, el incremento del agujero de la capa de ozono y un cambio climático que viene originando fuertes sequías y grandes lluvias torrenciales. Ante este hecho, hoy es posible plantear y un amplio sector de la población es receptivo, que el modelo socioeconómico despilfarrador del norte es causa principal de la crisis mundial del medio ambiente y que el sur se ha dado cuenta de que un desarrollo sostenible ecológicamente responde a sus intereses mas genuinos. Es necesario un replanteamiento claro y profundo y un cambio de rumbo de nuestra cultura y de nuestro orden económico, deben imponerse nuevos valores para un estado de bienestar que sea factible exportar a todo el planeta.

GLOBALIZAR, para mejorar todos. Cuanto antes asumamos las transformaciones mejores serán nuestras perspectivas de mantener en los siglos venideros los aspectos positivos y las comodidades del siglo de la economía. Bajo este criterio, los valores, que deben regir en el siglo XXI, han de ser ambientales.

Para hablar del Siglo XXI como el siglo del Medio Ambiente, ello es necesaria una nueva POLITICA DE LA TIERRA cuyo desarrollo debe basarse en: Proteger y sanar el medio ambiente GLOBALMENTE Y TRATANDO LAS CAUSAS, en vez de curar los síntomas o trasladar geográficamente los problemas. Tomar distancias ante exigencias histéricas exageradas, que impiden la percepción de prioridades y el que se forme el amplio consenso necesario para que puedan darse los drasticos pasos imprescindibles para el cambio de rumbo ecológico. Desarrollar en nuestra propia casa, OCCIDENTE, una nueva forma de economía que, sin arruinar la Tierra, puedan extenderse a 5 o 10 millones de personas. Esta nueva forma de economía debe conllevar un nuevo modelo de bienestar y ha de ser políticamente viable, de tal forma que ejerza una fuerte atracción incluso para los sectores occidentales que gozan de actual estado de bienestar y progreso. Transformar la protección del medio ambiente, que hasta ahora ha aparecido casi exclusivamente como factor de costes, en un factor de beneficios.

ECOLOGIZAR gradualmente todos los sectores de la política, de tal forma que la cultura, la ciencia y la técnica han de decir adiós a la mentalidad del saqueo. En este siglo, quien se tenga por realista ha de verse forzado a justificar que su forma de actuar contribuye al mantenimiento del Medio Ambiente, en oposición a los principios que han regido durante las últimas décadas donde las reivindicaciones en defensa de la naturaleza han sido continuamente tachadas de utópicas. Este cambio, que viene impuesto por la situación que desde el principio va a marcar el siglo XXI, “una naturaleza expoliada por el hombre amenazada en su núcleo y destruida en parte”, debe adoptar soluciones, asumir medidas que repercutirán notablemente en áreas significativas de nuestra sociedad: LA ENERGIA debe tender al ahorro y a un menor rendimiento, abandonando programas de incremento de la producción, en cuanto este no se logre en una tecnología que no impacte sobre el medio ambiente y ponga en peligro la humanidad. Debe orientarse LA POLITICA DE TRANSPORTE dejando de apoyar el transporte por carrera y apostando por el ferrocarril, en cuanto supone un ahorro energético y menores costes ambientales. LA AGRICULTURA debe recuperar el objeto de ofrecer productos sanos y el compromiso de integra su actividad en la preservación de los ecosistemas. LA SOLIDARIDAD CON EL TERCER MUNDO debe ir más allá del mero compromiso de remitir ayudas, hemos de recordar las conclusiones del Informe Brundland, que cifra desde 1985 un flujo de cuarenta mil millones de pesetas desde los países en desarrollo hacia el Norte en concepto de deudas e intereses. La ayuda del Norte se absorbe por el flujo. Se hace necesario reconocer la deuda histórica y apostar por un desarrollo integral y sostenible del Planeta como garantía de su conservación.

Lograr estos cambios de rumbo requiere un amplio camino que se inicie con una nueva legislación que adopte con rigor el deterioro ambiental, junto a políticas fiscales que penalicen el consumo de ciertos productos en beneficio de otros menos costosos ambientalmente. No obstante la responsabilidad y toma de conciencia de la población es el pilar fundamente para conseguir el fin, y este puede partir desde un consumo racional que acelere los cambios que se requieren. Hemos de recordar los últimos programes comunitarios, en especial el QUINTO, que reconceptualiza ECONOMIA Y ECOLOGIA. El medio ambiente adquiere un valor económico y pasa de ser visto un freno del desarrollo económico, a ser entendido como la base y el limite de este, en clara consonancia con la idea de DESARROLLO SOSTENIBLE, y solo puede llegarse a éste marcando limites al crecimiento. Parafraseando al Sr. Edualt Carbonell, en su libro “Aún no somos humanos” –como saben codirector de las investigaciones del yacimiento preshistorico de Atapuerca-: “nuestra especie Homo Sapiens, que ha evolucionado hacia una capacidad cerebral que le hace única entre las especies de la Tierra, debemos afrontar el reto de utilizar nuestro cerebro para aprender a ser humanos, si realmente pretendemos diferenciarnos del resto de animales y bestias”.

BIBLIOGRAFÍA:

 LA ECONOMIA VERDE.- Michael Jacobs / Edit FUHEM-ICARIA (1996)

LA NUEVA CULTURA DEL AGUA – Fco. Javier Martines Gil / Edit BAKEAZ –COAGRET (1997)

MEDIO NAURAL, DESARROLLO SOSTENIBLE, PARTICIPACION SOCIAL Y JUVENIL- Jesús Casas y otros /- Edit. QUERCUS ( 1996)

ECOLOGÍA Y DESARROLLO SOSTENIBLE- Ramon Tamames / Edit ALIANZA EDITORIAL (1995)

POLÍTICA DE LA TIERRA – Ernst U. Voc Weizsäcker / Edit Sistema (1992)

EL MERCADO Y LA GLOBALIZACIÓN- Jose Luis Sanpedro / Edit Destino (2002)

AUN NO SOMOS HUMANOS –Propuesta de humanización para el tercer milenio / Edualt Carbonell / Edit. Peninsula-Atalaya (2002).

MEDIO AMBIENTE Y SOCIEDAD – la civilización industrial y los límites del Planeta – Ernest García / Edit. Alianzaensayo

LA DIVERSIDAD DE LA VIDA – Edward O. Wilson / Edit. Critica – Drakontos

CONSILIENCE – la unidad del conocimiento – Edward O. Wilson / Edit. Galaxia Gutenberg-Circulo de lectores.

LA VENGANZA DE LA TIERRA – la teoría de Gaia y el futuro de la humanidad – James Lovelock / Edit. Planeta.(2007)

ALGO NUEVO BAJO EL SOL – Historia medioambiental del mundo en el siglo XX – John R. McNeill. – Edit. Alianzaensayo.(2003)

BIOGRAFIA DEL MUNDO – DEL ORIGEN DE LA VIDA AL COLAPSO ECOLÓGICO- Jaume Terradas / Edit. Destino (2007)

LA NATURALEZA EN PELIGRO – Miguel Delibes de Castro / Edit. Temas de Hoy. (2007)

LA TIERRA HERIDA ¿que mundo heredarán nuestros hijos? – Miguel Delibes & Miguel Delibes de Castro / Edit. DESTINO imago mundi.(2007)

SIGUIENDO LA NACIONAL 420

Durante años mis excursiones en los alrededores de Teruel, en bicicleta o andando, se limitaban a lugares cercanos. Quizás por ello no valoré en su momento  las especiales singularidades que viven en estos sitios. Espacios de la Red Natura 2000 ubicados en terrenos áridos, nos aportan servicios ambientales y biodiversidad. No sólo encontramos naturaleza en los bosques, necesitamos también pastizales porque son el hábitat de especies, que en ocasiones nos pasan desapercibidas, como  plantas o quienes se alimentan de ellas, orugas que serán hermosas mariposas.  Los pastizales no siempre son praderas verdes, también en lugares secos son espliegos, tomillo, gramineas y otras plantas que sobreviven en unas duras condiciones donde el agua no abunda.

IMGP1993

N 420

Saliendo de la ciudad de Teruel, Patrimonio Mudejar. Atravesamos la Rambla del Río Seco, que recoge aguas desde la Sierra de Corbalan. Accediendo por ella llegaríamos a lugares históricos como la Baronia de Escriche, casa solariega de los Sánchez Muñoz, familia muy vinculada a los orígenes medievales de la Ciudad de Teruel y ultimo señorío feudal de estas tierras. También apenas 3 km hacia arriba desde el puente por el que la carretera cruza la rambla, se localiza la fuente de la Peña el Macho, desde donde se captó el agua, que a través de una conducción del siglo XVI, construida por el francés Pierres Vedel, llevó el  agua a las fuentes de la ciudad de Teruel, superando la rambla de las Ollerías por  los Arcos,  siguiendo una conducción que  por pequeños puentes  y túneles superaban los obstáculos de barrancos en las laderas de los Mansuetos.

Nos situamos en una tierra de yesos y arcillas. Es el Mioceno del periodo geológico terciario. A  escasos metros, siguiendo la carretera que conduje a Cantavieja,  aflora  en el Puente Minero, lugar de peregrinación de estudiantes durante décadas para recoger las tradicionales Teruelitas, cristales mineralizados,  aparece el periodo Triasico facies keuper, lo que ofrece un mosaico de colores, apreciable sobre todo en momentos en que la lluvia humedece la tierra. A través de este puente cruza el barranco  la línea férrea que se situara en nuestra derecha mientras sigamos por la carretera N 420 hasta el lugar donde la atraviesa a través de un paso elevado y se observa unos restos de estación, los Baños, en la orilla  del río Alfambra a la izquierda de nuestro recorrido. Por estas vías de hierros circuló el tren minero que transportó durante años el carbón desde las sierras de Ojos Negros hasta los Altos Hornos de Sagunto.

El paisaje que observamos es un autentico oasis. La huerta del Alfambra, entre los secarrales blancos de las tierras áridas  que la flanquean. En los últimos años los cultivos de huerta han sido sustituidos  por  chopos madereros. En los farallones de la frágil caliza, observaremos una variedad de aves, chovas piquirrojas, cuervos, cernícalos, también puede ser común que la carretera la atraviesa alguna perdiz u oigamos el canto de la condorniz en periodos primaverales, e incluso se cruce algún jabalí.

En el río Alfambra, muy mermado de caudal durante los meses de verano, al atravesarlo a través del puente del Cubo pudiéramos observar el canto y vuelo veloz de un pájaro que es la joya del río, el Martín Pescador. La huerta todavía conserva algún pedazo de cultivo tradicional y algunas nogueras. También junto a la carretera se ha conservado algún resto de las edificaciones que sirvieron para el tratamiento del cáñamo, cultivo muy común en años pasados.

La carretera ahora, desde este puente transcurre con el río a su derecha y la línea férrea Teruel-Alcañiz, a su izquierda. Un proyecto de ferrocarril  que quedó sin inaugurar, sin colocar las vías, a pesar de tener concluido el trayecto, durante la dictablanda de Primo de Rivera.  El término de Villalba Baja  en sus barrancos yesosos conserva un superviviente  botánico, el crujiente (la Vella Pseudocitisus). Este paisaje árido ha mantenido esta flora cuyo origen hemos de localizarlo en las estepas asiáticas y que se trasladaron probablemente durante el periodo en que el Mediterráneo  se seco al cerrarse el Estrecho de Gibraltar. Las condiciones extremas de frío extremo, lluvia escasa y enorme calor en verano, mantienen este  ecosistema. La enorme mole yesosa que localizamos a la derecha, con pequeñas pedazos de vegetación árida, aliagares  y espino negro, es el hábitat de aves como la Collalba, que en estos lugares podemos encontrar en sus tres especies (negra, gris y rubia). También las Currucas  se esconden entre esas matas duras que se defienden con púas de los herbívoros. El roquero rojo y el solitario en los farallones de caliza. En los paramos  más altos no nos será difícil oir el canto de la Alondra ricoti.

Toda esta fauna podremos localizarlo varios km más adelante  en el campo de Visiedo, en plena Area de Importancia para las Aves, área ZEPA, donde se localiza la entrada a la Reserva Ornitológica de Más de Cirugeda. (gestionada por la Sociedad Española de Ornitología a través de  un convenio con su propietario D. Faustino Cirugeda). Allí donde el río Alfambra gira en dirección a Gudar , donde nace, y desde donde se abrió camino horadando las calizas de Galve.

“El todo en su sentido identifican es lo general de aquello que los hombres, en el fondo, quieren. Esta identidad de todos los sueños soñados despierto, de todas las esperanzas, utopías, se encuentra ella misma en el fondo oscuro, pero es así mismo el fondo de oro sobre el que se han pintado las utopias concretas. Todo sueño diurno serio apunta a este doble fundamento como a su suelo patrio; es la experiencia todavia inencontrada, la experimentada todavía-no-experiencia en toda experiencia llegada a ser hasta ahora”
(El principio esperanza, tomo I, pág. 313 / ERNEST BLOCH)

VII. EL TIO SIMON

FUENTECEREZO8

La sociedad rural utilizaba el término “Tío”, hasta no hace muchos años, para dirigirse a una persona, generalmente mayor, atendiendo a un reconocimiento del aprecio ganado por la edad y la experiencia. Una muestra de respeto que la comunidad otorgaba atendiendo a la trayectoria de su vida.

El “Tío Simon” en la década de mil novecientos setenta, junto a su hermana, subía a Teruel tras pasar el invierno con su hija en un pueblo de Castellón, para estar durante la primavera y el verano con sus otras hijas. En esa epoca lo conocí. Eramos vecinos y además mi familia y la suya procedían de la Baronía de Escriche; hay amistades que se acercan hasta entablar lazos familiares por las experiencias compartidas en la que la ayuda mutua ha sido constante, así se explica porque en mi casa nos dirigíamos a él con el tratamiento de Tío. Nos encontrabamos paseando por las eras y las conversaciones eran frecuentes y amenas; para mi, un muchacho de doce años, significaba hace un viaje hacía los origenes acompañado de una persona mayor, que no era de la familia.

Junto con su mujer, la tía Maria y sus hijos, eran los masoveros del Espinar. Una pequeña masada cercana a los altos de Cabezoalto, camino de la Casa Grande a Cedrillas. Estos terrenos de la parte alta de la Baronía de Escriche son de arcillas impermeables donde brota suficiente pasto para mantener vacas. En ellos se extiende un tapiz verde en los meses benignos, que se oculta en la dureza del largo invierno con fuertes nevadas cubriendo la tierra; un paisaje suave entre la áspera y seca roca caliza del suelo de los cabezos que lo rodean, manchada con timidos verdes pálidos de liquenes que se adhieren a sus poros.

La masada del Espinar hoy son ruinas. Quienes no conocen su pasado pensaran, al ver las piedras de sus paredes tumbadas, que es una paridera de vacas. Difícilmente imaginan que aquí habitaba una familia con siete hijos, dos chicos y cinco chicas. En aquella masada no faltaban noches de bureos para ayudar a que se conocieran los mozos, que surgieran pretendientes para festejar con las jovenes, a las que había que casar. Un lugar hospitalario donde el Tío Simón atalantaba a sus vecinos y amigos.

Hablar con él transmitía confianza y sobre todo serenidad, lo que daba veracidad a sus comentarios. Hablaba pausadamente y fluían sus recuerdos desde esa calma como una manantial que brota para refrescar la memoria. Un hombre bueno, con un caracter propicio a facilitar ganarse el respeto entre sus vecinos cuando vivía en la Baronía de Escriche, donde durante muchos años ejercio de “Juez de Paz” entre las gentes de la aldea.

Debió resolver conflictos como la denuncia cuando el guarda sorprendia a algún masovero cortando un enorme pino para obtener una gran viga con la que volver a levantar el tejado caído de la paridera. El bosque no entraba entre los recursos que el contrato de arriendo daba a los masoveros, y la madera era cara para una economía de subsistencia. Mediaba en los enfrentamientos entre masoveros por dejar a las ovejas pastar en campos del vecino o dejarlas entrar a un sembrado. Para solucionarlos debían tener la capacidad de ejecutar la justicia y la ley, aquí muy vinculada a la costumbre. Se hacía necesarío dejar constancia de que las normas estaban para cumplirlas, pero sin imprimer tensiones que llevaran a un ambiente de odio y venganza que pusiera en riesgo la futura convivencia entre las gentes de la Villa de Escriche. Sus decisiones eran respetadas por que sus vecinos lo admitían como un hombre justo. No debieron faltar las ocasiones en que se requirió su mediación entre los amos y los campesinos para alguno caso de necesidad urgente, o para limar las diferencias a la hora de renovar el arriendo cuando finalizaba el mes de Septiembre.

Hasta que falleció siempre le acompañó su hermana. Una mujer menuda pero fuerte, su fortaleza no la expresaba su físico sino su interior y su voluntad. Había estudiado. Los estudios los pagó el Barón. Cuando en el verano todos los masoveros formaban en la plaza de San Bartolome para dar el saludo al amo y recibir una caridad, la niña tullida conmovió a los dueños. Decidieron darle estudios como garantía de un futuro que un invalido difícil podría encontrar en unas masadas donde se precisaba fuerza. Al poco de nacer enfermó de polio y todos supieron que, aunque había sobrevivido a la enfermedad, nunca más podría andar; sin piernas era difícil vivir en unas tierras donde los caminos son sendas para animales de carga. Cuando terminó sus estudios volvió a la masada con los padres. No se rindió a permanecer inmovil en la puerta de la masada observando pasar la vida, enseñó a la burra a acercarse a la piedra, junto a la puerta de entrada de la casa, y desde allí se aupaba sobre el lomo de la caballería cubierto con una manta para evitar el contacto directo con la piel del animal. Con ella se desplazaba por cada una de las masadas. En las tardes para bordar y coser encargos de las gentes, sobre todo cuando se acercaba alguna boda y había que preparar el ajuar; por las noches para enseñar letras y cuentas a los niños que no tenían otra oportunidad de aprender.

Su yerno fue una de las últimas personas en abandonar la Baronía. Enamorado de su vida en las masadas era un libro abierto de recuerdos. Sentía su identidad y origen cuando narraba relatos de ese pasado en ese lugar. Había vivido en la Atalaya, después en la Hita y creo que en los últimos años en la Casa Baja. Tuvo encuentros con el maquis como cuando aquel hombre les pidió alojamiento un atardecer en la Hita y tras darle de cenar y dejarle dormir en el pajar a la mañana siguiente ya no estaba; ó cuando fueron a marcar una subasta de pinos en los estrechos del río Mijares y se les acercó una cuadrilla preguntando por el empresario que compraba la madera, aquél vestido con pantalon y chaqueta de pana, como el resto de obreros, ocultó su identidad, nadie le delató y probablemente en aquel momento salvo su vida.

Recordaba datos de la noche en que se incendió la masada de La Zarzosa. Vivía con sus padres en la Casa Baja cuando a media noche acudió Francisco pidiendo ayuda para apagar el fuego que quemaba el pajar y amenzaba la casa. Vivían solos, madre e hijo, tras la muerte del padre y la marcha de los hermanos a la ciudad. Acudieron y lograron salvar la mitad de la masada. El incendio les hizo rendirse a continuar trabajando esa tierra y precipitó la decisión de abandonar definitivamente la masada. Se fueron a la casa en Teruel. La había comprado viente años atrás, junto a algunos campos de secano, con el dinero traido de California, donde marchó junto a su hermano en la esperanza de obtener un poco de dinero que la tierra donde había nacido no le daba, que trajo en dolares de oro de los Estados Unidos de América, no muchos. Aquellos años, en mil novecientos cuarenta y cinco, además el ambiente estaba muy rancio con la presencia del maquis, guerrilleros del PCE llegados de Francia al acabar la segunda guerra mundial a los que se unieron los huidos, perseguidos tras el fin de la guerra civil, que todavía quedaban ocultos en la Sierra. Contra ellos el gobierno organizó las contrapartidas de la Guardia Civil comandadas por el General Pizarro, encargadas de cortar, a cualquier precio, el apoyo que los campesinos pudieran dar a quienes todavía no se resistían a dejar el país en manos de una dictadura que estrangulaba a las gentes para imponerse.

Los campesinos de las masadas eran como todas las sociedades gentes con distinta personalidad, ideologia o creencia. La necesidad de hacer entre todos una comunidad que se ayudara en momentos dificiles, obligaba a disfrutar de la alegría en los días de celebración, como el veinticuatro de Agosto, día de San Bartolome, en el que las familias de todas las masadas se juntaban a compartir viandas y dulces en la Fuente de los Cinco Caños, para al atardecer acudir al baile en la Plaza de la Casa Grande.

El camino desde la Fuente a la Plaza lo hacían siguiendo la acequia en la que el agua discurría por troncos de pino ahuecados, que llegaban hasta el lavadero más cercano a la Casa Grande. Flanqueaban la ruta hileras de árboles frutales, que en primavera coloreaban y aromatizaban el lugar, y en los días de Agosto refrescaba a los mozos que, ya acalorados por un poco más de vino en la comida, enfilaban al baile para acariciar las caderas de las mozas.

La Comunidad de vecinos sólo se sustentaba si se mantenía la cordialidad en el talante y la vista puesta en un proyecto común que garantizara un futuro para todos. Lo que exigía renuncias importantes de intereses personales.

PAREDES DE YESO DESCARNADAS

 

 

Siempre me han llamado la atención el trabajo en piedra seca y su abandono. Son las primeras impresiones que siento al ver un pueblo abandonado. Después con el paso de los años y el contacto con amigos como Jose Manuel Nicolau, que me presentó a las gentes que desde décadas tienen abierta la lucha por salvar el pueblo de Artieda del pantano de Yesa. Esa experiencia me hizo comprender el drama social de la gente que a la fuerza tuvo que abandonar  el pueblo de Santolea en Teruel,  al igual que en aquellos años nos llegaban a través de la noticia de la televisión la expropiación de  Riaño en León, dinamitaron sus casas para forzarlas a desplazarse a los pueblos de colonización de Valmuel y Puigmoreno

IMGP2795

Piedras rodando entre tierra polvorienta, curtida por el paso de los años, al paso de hombre, enfrentados a la vida para lograr un camino en su existencia. Ayer, tuvieron forma: una sobre otra; entre ellas travesaños de madera, constituyendo puertas y ventanas; algunas estampadas con el arte del cantero. Casas nacidas de la mano del hombre, para dar cobijo a la familia, en los frios invernales y calores del estio, extremos, en los páramos ibéricos.

En el subsuelo, restos de bodegas donde no hace muchos años se curaban los vinos de las cepas aún testigos de la historia. Bodegas donde tantas noches brotó alegría, extraña entre la crudeza de la vida en la montaña, y otras tantas fueron silencioso refugio de quienes huían de la crueldad de la guerra, que en el pasado y no hace tantos años ha recorrido estas Sierras.

Renegar de su tierra, de la vida que les toco vivir a las gentes de estos pueblos, llevó a su abandono. La injustificación de tanto trabajo, durante tanto tiempo, dedicado a generar un pueblo.

La esperanza quedó una vez en ilusión, para quienes cambiaron la tirania del arado por la esclavitud de la maquina, viviendo en construcciones de ladrillo con sabor a multitud y sin calor humano; desesperación para quien hoy no hace historia y ayer nació en una casa de piedra, con alero de madera y el enrejado de forja de la herrería de al lado del molino.

Pueblos abandonados ante el cierzo, observados por la luna, por el sol, las estrellas y aquellos animales, que antaño se guardaron de acercarse al hombre; el hombre, que les robo su tierra y no tuvo coraje para quedarse en ella. En las tinieblas, ahora vive el recuerdo del pasado, mientras de ellas, con la luz del amanecer, salen camino hacia la mejor alcoba de la casa, quienes antes, cuando el sol comenzaba a iluminar el rocio de la mañana, debían retirarse a la maraña impenetrable del bosque ó al más oscuro rincón de las cuevas.

Regresamos los hijos de los hijos para reencontrarnos con la tierra del abuelo; el padre, perdió su identidad con el éxodo. El abuelo, que trabajó pensando en nosotros cuando nadie sabía si seriamos engendrados.

Nos sentimos, entre las ruinas, nostálgicos del pasado y lo idealizamos. Olvidamos, la realidad de la dureza de la vida de aquellos, su economía de subsistencia, el hambre, el trabajo…, las ásperas relaciones sociales –dictadura del padre, del alcalde, del cacique…, del hermano-. Los valores humanos de aquel hombre, que hoy recordamos con el signo de la incultura sin ver su personalidad de hombre formado, evadida de los hombres de hoy, camuflados entre multitud, incluso para ellos mismos. Esos valores perdidos en una sociedad que los busca y no logra contener el estribo del caballo desbocado, que le lleva hacía ningún destino.

Años y años para levantar el pueblo, hoy muerto, sin que nadie sepa ni quiera salvarlo. El expolio invade las esquinas, el gamberro sus paredes, siquiera el refugio de la muerte queda a salvo de la mano desgarradora. Los recuerdos se entierran junto a los últimos muertos, en el más absoluto silencio, roto por el ruido de coche acelerado del hijo, que vino a cumplir con el respeto al padre y marcha con prisas, para no ver la tierra yerma, que lo mira pidiendo una explicación.

Triste quedan las calles, cuando, la lepra, que descarna los yesos de las paredes, y la cangrena, que amputa los pilares, se presenta delante de sus últimos testigos. Viejos, que rehusaron abandonar su tierra y envejecen con ella, ven hundirse las casas, impotentes de nada poder hacer, de quedar solos, sin fuerzas, para reparar las tejas, que el hielo del invierno desmenuza cada año, al igual que, en su interior, la carcoma vuelve polvo la madera de las vigas, las ventanas, las puertas, los muebles…, la historia, que se llevará el viento.

……………………………..

Lo que pasó, eso pasará
lo que sucedió, eso sucederá:
nada hay nuevo bajo el Sol.
“Mira, esto es nuevo”,
Ya sucedió en otros tiempos, mucho antes de nosotros.
Nadie se acuerda de lo antiguo
y lo mismo pasará con lo que venga.
Eclesiastés, 1:9-11