TERUEL: FUTURO INCIERTO

 

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 Me llegan noticias de extraterrestre. Llegado a este punto debo exponer mi creencia en que hay vida en el exterior del Planeta y respecto a la posibilidad de comunicación con ellos, recordar que personas de reconocido prestigio e influencia internacional dicen actuar en nombre de dios –escrito por mi parte con minúsculas para evitar susceptibilidades- y sus declaraciones apenas son cuestionadas aunque difícilmente demostrables.

Mis amigos de la galaxia, me comunican que su civilización ha decidido “barrer del mapa” el planeta Tierra. Según ellos obstaculiza sus proyectos de desarrollo y han llegado a la conclusión de que nuestra cultura arcaica y el medioambiente que la rodea no aportan beneficios, por lo que nos eliminan del Sistema Solar a fin de poder ejecutar su proyecto de desarrollo que incrementará su Producto Nacional Bruto, no saben si mejorará su calidad de vida, pero esta claro que la Tierra no pueden bloquear su modelo de desarrollo ni detener sus expectativas de rentabilidad económica a corto plazo.

Me he sentido como tanta gente de la cultura rural de las serranías arrinconados por la cultura urbana, como se deben sentir los bosques naturales sentenciados por planes urbanísticos, los ríos embalsados por planes reguladores de cauces ó los osos desplazados por “la puesta en valor” de la montaña. He visto truncada la ilusión en una vida más allá de lo que puede comprarse con dinero, valorando servicios que presta la naturaleza, aún cuando no entran en la económica de mercado, difícilmente sustituibles, como: la capacidad de retención de agua de un bosque al frenar la violencia de una tormenta, dejándola después gotear lentamente desde las hojas al suelo -sin los arboles, los torrentes habrían arrasado a su paso todo obstáculo que frenará su fuerza, dicho sea de paso como la actitud de mis amigos extraterrestres, sin permitir al suelo absorber el agua para posteriormente lenta y constantemente aflorar en una fuente-; ó el derecho a conservar santuarios naturales como retazos de nuestro pasado, en el que como dice Juan Luis Arsuaga – codirector del yacimiento paleoarqueológico de Atapuerca- en sus libros de divulgación y novelas, éramos príncipes en una época en que vivíamos al compás y ritmo que marca la naturaleza. Esas pequeñas cosas que ayudan a vivir aunque no se coticen en bolsa; y me viene a la memoria ese pequeño libro de Schumacher “Lo pequeño es hermoso” publicado en la década de los setenta y aún hoy referente de círculos ecologistas en la búsqueda de que “otro mundo es posible”.

Cuando leo y escucho los diferentes eslogan publicitarios de que Teruel avanza, creo que los valores naturales y culturales de esta provincia se encuentran en manos de extraterrestres con proyectos descabellados, que ciertamente van a cambiar su realidad con la perdida de diversidad cultura y ambiental. Cuando me explican la idea de promover la aviación como complemento a los amaneceres rojos de Teruel, siento que son proyectos que solo se sostienen con la financiación de dinero público, y no es la primera vez que ante el fracaso nadie asume responsabilidades. Cada vez más alejadas de las propuesta de desarrollo, acciones por el interés público, la apuesta por la sostenibilidad y la equidad. Sin embargo todos hablan de futuro.

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Dr. Abert Bartlelt
Estamos ética y moralmente obligados a reconocer que el crecimiento en el uso de recursos de cada individuo de una población también en crecimiento es la causa principal de todas las crisis ambientales y de recursos que sufrimos hoy.

Publicado  en Febrero 2007 – Mijares

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SOSTENIBILIDAD

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U. Beck describe en el concepto de “Sociedad de Riesgo” una fase del desarrollo de la sociedad moderna en la que los peligros sociales, políticos, ecológicos e individuales creados por el impulso de innovación escapan cada vez más a la institución de control y protección de la sociedad industrial.

Desde el interior de este modelo social se hace fácil definir porque no es sostenible, más difícil es establecer como ser sostenible sin renunciar a su fundamento, un desarrollo vinculado con el crecimiento ilimitado sobre recursos limitados. El índice que mide el nivel de desarrollo de cada país, su Producto Interior Bruto (PIB), es un indicador económico engañoso al no contemplar las perdidas de costes sociales y ambientales vinculados al crecimiento, lo que conlleva menos bienestar para la sociedad. Por poner un ejemplo la inversión destinada a corregir la contaminación de los suelos producida por la rotura de la presa minera de pirita en Aznalcollar, que llego a afectar al Parque Nacional de Doñana, ha favorecido el incremento del PIB, sin embargo no contempla los daños sociales, de salud y medio ambiente generados en la zona.

Se precisa instaurar Indices, denominado por algunos autores interesados por definir la sostenibilidad, como de Progreso Genuino, que contemple la mejora de la calidad de vida de los ciudadanos, que recoja las externalidades que para generar el beneficio en un grupo social se desvían a otros sectores. En un modelo como el nuestro planificado por el mercado, dar valor a aquello que no puede incorporarse a este, pero que incide directamente en bienestar (perdida de bosques, contaminación del aire, conflictos sociales, perdida de tierras productivas…..).

Al valorar los beneficios del aeródromo de Caude, que se pretende construir con dinero publico, como infraestructura necesaria para la instauración de una planta de reciclado de aviones, es demasiado simple plantear el proyecto como sostenible porque incrementa el PIB del territorio y crea puestos de trabajo, una de las causas para establecer población. Debiera analizarse si su implantación puede suponer perdida de calidad de vida, por ruidos, contaminación, desvío de tierras de cultivo a suelo industrial, riesgos de accidentes, etc…. Para ello primero hemos de definir hasta donde estamos dispuestos a conservar las condiciones de vida que disfrutamos los ciudadanos en esta ciudad: un espacio con baja densidad de población, aire limpio, espacios naturales a las puertas de casa. Si este territorio apartado de los centros industriales se convierte en receptor de residuos que aquellos generan por la falta de una política de minimización y reciclado, sufrimos el mismo proceso que los países subdesarrollados receptores de residuos del autodenominado mundo desarrollado, que aceptan porque aportan dinero a algunas economías y dan un respiro a la pobreza generada por una organización internacional injusta.

En esta misma línea no pueden contabilizarse como perdidas, medidas que corrigen el impacto ambiental generado, por poner un ejemplo, en proyectos de carreteras ó de líneas eléctricas, si esas actuaciones, aunque costosas, permiten conservar otros valores que los ciudadanos consideran aportan bienestar a su vida.

La búsqueda de una sociedad sostenible no puede quedar en manos del mercado. La participación de los ciudadanos se hace imprescindible en dar con una salida a la crisis que, a nivel local y global, sufre nuestra civilización.

Publicado en agosto de 2007

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Kenneth Boulding 

Teorema Tétrico 

Si la consecuencia última del crecimiento de la población es la miseria, entonces la población crecerá hasta que la miseria sea suficiente para parar el crecimiento. 

Variante ligeramente optimista del teorema tétrico. Si hay alguna otra cosa, que no sea miseria y muerte, que pueda poner freno a una población creciente, entonces esa población no tiene porqué crecer hasta encontrar miseria y muerte y podría ser próspera de manera estable. 

http://www.crisisenergetica.org/staticpages/inex.php?page=20070126131019945 

DESFIGURAR EL VALLE DEL ALFAMBRA

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La historia de Galve ha sido, hasta hace unos años, la de cualquier pequeño pueblo del Teruel profundo. Tras el olvidado esplendor de la industria textil lanera de la edad moderna, la economía se centró en la producción de cereal de secano y de ovino durante décadas hasta el despertar desarrollista de los años 60. Y, como en tantos pueblos, llegaron los tiempos de la emigración a la ciudad, del declive social y económico, matizado tal vez por la implantación de una enorme cantera de arcillas destinadas a la industria azulejera de Castellón. De nuevo, el subsuelo turolense alimenta la economía de otras tierras donde queda su valor añadido a cambio de unas migajas y de degradación ambiental.

Esta trayectoria hubiese proseguido de no ser por personas como José Mª Herrero que, en épocas difíciles, dedicaron su esfuerzo y su saber en descubrir en los montes de su pueblo un tesoro mucho más valioso que las arcillas. Huesos, dientes, huellas y otros rastros de dinosaurios, cocodrilos, tiburones, mamíferos y de otros organismos que vivieron en unos ecosistemas muy diferentes a los actuales durante el Cretácico. Décadas de excavar, cribar, comparar, estudiar (¡tan lejos de las universidades!), de contactar con especialistas…. eclosionaron en la creación de un museo magistralmente explicado, una red de senderos para visitar icnitas y réplicas diseminadas por el precioso entorno natural y, sobre todo, un prestigio internacional.

La coincidencia con el fenómeno “Parque Jurásico” aceleró el proceso. Miles de familias y de estudiantes acudían cada año para aprender sobre la historia de la Tierra. Surgió un fenómeno insólito en el turismo aragonés. En un entorno ambiental aparentemente difícil, se conseguía atraer al público a disfrutar de un recurso endógeno, que no implicaba una agresión al medio ambiente y que recuperaba el patrimonio natural. Vamos, de manual de “Desarrollo rural”. Pero es más, el éxito conseguido animó a nuestros responsables políticos a extenderlo al resto del territorio turolense mediante la fórmula Dinópolis. Existe una deuda hacia Galve.

Mientras tanto, el Ayuntamiento y los vecinos han puesto en valor otros elementos de su patrimonio cultural y natural para mostrarlos a los viajeros que los visitan. En especial, han comprendido el valor de su paisaje. Tan diferente de los estereotipos pseudoalpinos tan machaconamente publicitados. Los agrestes estrechos de los Ríos Altos que se extienden hasta Aguilar de Alfambra, los cañones de los Ríos Bajos con sus meandros encajados que alcanzan la Reserva Ornitológica de Mas de Cirugeda o los extensos y bellísimos páramos cubiertos por pulvínulos de erizo.

Pero están especialmente orgullosos del magnífico conjunto de chopos cabeceros que pueblan la ribera del río Alfambra. Estos viejos y monumentales árboles ofrecen hábitat a una variada comunidad biológica, representan un patrimonio vivo que muestra el uso tradicional de los recursos naturales y son el máximo exponente de un paisaje rural de calidad y de belleza. El bosque ripario que se extiende desde Galve hasta Allepuz es posiblemente la mayor concentración de chopos trasmochos de Europa.

Los vecinos, y también los excursionistas, comprenden el valor de un paseo otoñal entre los chopos dorados, la armonía de una delicada orquídea y la majestuosidad del vuelo del águila real en un cielo libre. Pero este recurso también puede perderse en breve. Una línea de alta tensión de máxima capacidad procedente de los parques eólicos que se instalan en la sierra de El Pobo proyecta atravesar el valle del Alfambra desfigurando su belleza escénica y amenazando a un recurso económico de valor emergente: un paisaje rural de calidad. Esta “autopista eléctrica”, además de ser una trampa mortal para la vida silvestre, afectará al patrimonio paleontológico que conforman las icnitas de dinosaurios cuya declaración como Patrimonio de la Humanidad está en trámite, a la calidad de vida de los vecinos y a un paisaje cuya degradación será irreversible. El trabajo realizado por tantas gentes para conseguir un desarrollo sostenible en un medio difícil como el turolense puede ir por tierra por el afán de generar plusvalías rápidas con la industria eólica.

La producción de energía eléctrica a partir del viento no está exenta de impacto en el medio natural. No sólo por la implantación de los aerogeneradores y las infraestructuras que suponen y que afectan a paisajes destacados y ambientalmente sensibles, sino por la creación de líneas eléctricas de evacuación que constriñen los espacios abiertos a lo largo de cientos de kilómetros.

No es raro que se perciba con desconfianza esta energía alternativa cuando de nuevo el valor añadido se marcha lejos, hipoteca otros recursos en el medio rural y no viene acompañado con políticas globales de reducción en el consumo sino de fomento del despilfarro. Ya no sólo se explota de forma colonial el subsuelo de Teruel, ahora le ha llegado el momento a sus cielos.

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Autor: Chabier de Jaime Lorén  / publicado en Marzo del 2007 – Galve

Bajo un manto de nieve

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Quizás la última nevada cubra con su manto las preocupaciones por el cambio climático, que en los últimos meses ocupan primeras planas de información, por cuanto no es mera opinión aislada, sino fundada en informes de prestigiosos científicos, recopilados por organismos como la ONU.

Por fin los sectores de la nieve podrán cubrir algunas de sus expectativas, para envolvernos con cifras de usuarios y beneficios, camuflando el coste económico, medioambiental y energético que ha supuesto mantener abiertas estaciones de esquí con mantos cercanos al metro, cuando la climatológica no aportaba de forma natural este elemento.


Las cosechas probablemente consigan salir adelante, aunque tampoco los consumidores hubiéramos notado su falta, en un mundo globalizado donde los envases de pasta, frutas y demás productos alimenticios, como los pescados frescos -que no se como llegan como tales al mercado-, indican su origen del más recóndito rincón del Planeta. Por desgracia el destino de los productos solo llega a lugares capaces de disponer de un nivel de renta para adquirirlos y amplias zonas de la Tierra continúan albergando sombras a donde no llega el desarrollo, en donde los cultivos agrarios y ganaderos se orientan a la globalizacion de su consumo y donde se asienta bolsas de pobreza y hambruna, que terminan desencadenando en guerras.

Más cercanos a donde vivimos, el manto de la nieve cubrirá de blanco esa ciudad negra que esta renaciendo en Teruel, con sus planes de rehabilitación. A pocas fechas de las elecciones municipales y autonómicas, probablemente nos haga olvidar a sus responsables, cuando comiencen a surgir las cifras de inversiones en la ciudad, sin analizar el grado de satisfacción de los ciudadanos sobre ellas. Los partidos, en el pistoletazo de salida para llegar al poder, intentaran contentar a los que con su voto decidirán quien vencerá; para ello una vez más surgirán buenas palabras e intenciones, que solo después la realidad y las voces de la oposición, en intención de desgastar al gobierno, descubrirán su verdadero sentido electoral.

No obstante pisando el suelo nevado, se agradece que un fenómeno natural como este, la nieve, sea foco de atención en una sociedad tan ensimismada en la tecnológica y los artefactos como garantes de su futuro.

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Publicado en Mayo 2007 – Valdelinares

CIUDADANOS INVISIBLES

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Ayer por la tarde una enorme rata se refugiaba escondiendo la cabeza en una canal de un edificio, dejando al descubierto su cuerpo y cola, en esa actitud tan infantil de creer que si no ves no te ven.

No tenía mal aspecto, ni gozaba de mala salud. Probablemente alguna de las obras del centro histórico turolense han puesto al descubierto el subterráneo donde ha vivido hasta hoy, un lugar para vivir tolerado por una sociedad  para quien  a pesar no compartir aprecio por su forma de vida, no le molesta  si no se deja ver.

Esta mañana, la rata ya no estaba. Durante la noche ha debido vagar por la ciudad, cuando la mayoría de los pobladores duermen y  dejan lugar para estos ¿intocables?. Ha debido encontrar un nuevo refugio, quizás en esos rincones que esta ciudad  – Mudéjar Patrimonio de la Humanidad-  olvida por que no se ven: quizás bajo el enrejado  al pie de los árboles del Ovalo, donde se ocultan plásticos y basura, porque nadie ha sido capaz de levantarlos para limpiarlos, tal vez   en la ignorancia de pensar que estos arces,  que tímidamente aportan sombra, necesitan de suelo para enraizar; ó en algún edificio abandonado, que por no entrar  en la oferta del mercado inmobiliario, permanecen olvidados como si la restauración  de la ciudad no fuera con ellos; e incluso se haya animado a salir a los arrabales, donde en esa orbita alejada  del núcleo de la Villa, parece olvidarse, por gentes que siguen arrojando basuras y por  el Ayuntamiento que olvida que la limpieza también debe llegar allí,  que también son ciudad.

A mí no me  alarma ver una rata en las calles a plena luz del día, lo que me preocupa  es no verlas cuando sabemos que existen, porque no entiendo que tengan que ocultarse viviendo como viven junto a nosotros. Y sobre el estado de la ciudad, me inquieta pensar que  la ciudadanía  haya olvidado  participar en la gestión de su ciudad. Aún mantenemos  ese instinto  de pedir, pero apartados de la toma de decisiones, delegados poderes en el voto otorgado en las elecciones, hemos dejado de ser capaces de debatir y decidir por la ciudad que queremos; y sin haber sido juez ni parte nos vemos en la obligación  de agradecer al mentor -quien aporta el dinero y toma las decisiones para  fijar  los nuevos ambiente de Teruel- , que esta ciudad avance. Eso sí, en Vaquillas, para bien ó para mal,  los ciudadanos, todos, recuperamos pleno protagonismo en la organización de la fiesta; por tres días abandonamos esa dejadez  participativa.  A veces pienso que esta es una cesión interesada del Ayuntamiento, a cambio de que permanezcamos invisibles el resto del año  en los temas trascendentales de la ciudad.

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Publicado el 30 de septiembre de 2007 – Teruel

PUEBLOS

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Jonas, es un amigo que ha decidió regresar al pueblo donde nació. Después de conocer los beneficios del mundo urbano decidió mejorar su calidad de vida y para ello ha comenzado con restaurar la casa de sus abuelos y poner de nuevo en cultivo el huerto cargado de recuerdos de su infancia.

Su regreso ha servido para abrir la escuela. La llegada de su familia y la de varios emigrantes que se ocupan de los trabajos que los vecinos no quieren ocupar.

Se le mira con desconfianza debido a sus opiniones y protestas. Ha observado que la calidad de vida no lo es tanto. En las puertas del pueblo se localizan varias granjas de cerdos, que emiten fuertes olores de sus balsas de purines; las calles no solo están sucias de cagarrutas de ovejas, que cada noche acuden a dormir al centro del núcleo urbano, sino que sus hijos sufren las consecuencias de picaduras de pulgas y garrapatas; el tramo de río mejor conservado, ha sido ocupado por una factoría de electricidad, a su vez piscifactoría, que ha borrado todo el encanto del lugar y se supone que también la calidad de la ribera. El Alcalde, fuerza viva política y económica del pueblo, opina: “no hay que frenar el desarrollo y que el que no este de acuerdo que se vaya”.

Tal vez, la postura más cómoda sería dejar morir en su agonía al pueblo, pero hay gente empeñada en volver a empezar y apuestan por recuperar una estructura social, resquebrajada por el éxodo rural. Exigen el cumplimiento de la Ley, pero favoritismos políticos va arrinconando en los cajones los expedientes sancionadores; gentes que anunciaron entrar en política para trabajar por el interés público, en realidad están defendiendo intereses personales.

Jonas ve bloqueados proyectos en torno a desarrollo turístico y la obtención de productos de calidad con buenas prácticas agrarias, que contribuyan a la conservación de la naturaleza. Actividades que deben complementarse, pues juntas son un proyecto valido para regenerar el medio rural.

Esta experiencia refleja la crisis social que impide modernizarse a estos territorios y que probablemente les lleve en pocos años a su total despoblación.

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Publicado el  3 de abril de 2003 – Fuentes Calientes

¿TURISMO RURAL EN TERUEL?

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Los paisajes de las Comarcas del Sur de Aragón son tan hermosos como variados. En todos ellos se observa la incidencia de la ganadería y la agricultura, como un patrimonio cultural que lo ha modelado.

Esta relación entre el hombre y el medio ambiente debiera ser el pilar sobre que desarrollar un Turismo Rural. Hemos de entender este como: “aquel en el que el turista busca contentarse con pasear disfrutando del paisaje y para ello busca formas preferentemente rústicas, de manutención y hospedaje, integrándose en el medio rural y siendo menos sofisticado en la demanda de servicios”. A través de él, la actividad tradicional de estos pueblos se enriquece con un nuevo recurso.

La gente que accede a disfrutar de la naturaleza, también desea convivir con la población que integra el ecosistema. Sin duda este tipo de turista aporta menos dinero, que un turismo de masas, pero también consume menos recursos (agua) y genera menos residuos (desperdicios y contaminación), por lo que aunque el balance pudiera parecer negativo, no es así, pues en estas sierras de las estribaciones meridionales del Sistema Ibérico, con no muchos recursos y con dificultad en la gestión de residuos, los costes y beneficios de un turismo de masas al final desequilibran la balanza, haciendo más rentable un turismo más reducido, que diversifica los recursos de las economías rurales y no genera una dependencia social, no precisando un elevado presupuesto para corregir los impacto ambientales que genera.

En estas comarcas localizadas en la provincia de Teruel se ha producido un alto incremento de la despoblación durante la última década del pasado siglo, que ha generado una disminución de la presión sobre el medio. Desde un punto positivo ha sido la causa de la recuperación de superficie forestal. Como aspecto negativo, es la causa de la desaparición de un paisaje antrópico, constituido por un mosaico diversidad vegetal y paisajística. Las actividades tradicionales que durante décadas se han desarrollado en estas Sierras, han sido sustituidas por un modelo de producción más intensivo, que no ha valorado los servicios ambientales que el paisaje tradicional ofrecía.

La Laguna de Gallocanta, humedal incluido por el Gobierno español en el Convenio de RAMSAR, tiene paralizado, por falta de voluntad política y presión social en su contra, el Plan de Ordenación de los Recursos Naturales, que debiera dotarle de una figura legal de protección acorde al valor internacional de este enclave natural. Pese a que los agricultores han visto incrementados sus ingresos por la política agraria comunitaria y su línea de ayudas agroambientales, esto no ha supuesto una respuesta social volcada a su conservación. La presión turística, lejos de orientarse hacia un turismo de calidad, sensible con el medio ambiente, se ha visto rebosada por una masificación puntual en torno al paso migratorio de las grullas, que no permite generar estabilidad al sector y origina graves problemas en su gestión ante la falta de medios materiales y humanos para llevar a cabo un control y ordenación del mismo.

Las emblemáticas Sierras de Javalambre y Gudar, reliquias de épocas glaciares, cuyas cimas son en la actualidad islas donde ciertas especies han evolucionado a una taxonomía exclusiva, se han visto dañadas por el impacto de la construcción de pistas de esquí alpino. Ello ha acelerado el desarrollo en la Comarca de un turismo de masas que accede al reclamo de la nieve, y ha desencadenado una presión social en demanda de ampliación de la superficie esquiable, la apertura de nuevas vías de acceso desde diferentes puntos de la Comarca, sin ningún compromiso en la conservación del medio ambiente, en un territorio propuesto por el Gobierno de Aragón como Lugar de Interés Comunitario, acorde a la Directiva Hábitat. La población local, que teme que una política conservacionista suponga limitaciones a sus expectativas de desarrollo, ha paralizado el Plan de Ordenación de los Recursos Naturales, que permitiría desarrollar una ordenación sostenible que hiciera compatible desarrollo y naturaleza.

Los proyectos de Regadío en torno a una agricultura intensiva, como el Canal Calanda Alcañiz, sin ninguna media de protección en el complejo endorreico-salino de las Saladas de Alcañiz, imposibilita afrontar la conservación de estos valores naturales, donde complementariamente al desarrollo de una agricultura ecológica pudiera promoverse un turismo ornitológico.

Las concentraciones parcelarias, han destrozado la diversidad de un paisaje caracterizado por su tipología de setos y ribazos, tan eficaz en el control de la erosión como en la instalación de un ecotono, con gran variedad de especies.

La ganadería de porcino, ha provocado áreas de saturación con grave riesgos en contaminación de nitratos. La falta de voluntad política en aplicar la normativa al respecto, genera que explotaciones ganaderas, se instalen sin cumplir las medidas reglamentarias, en los límites de núcleos urbanos, con el consiguiente riesgo sanitario y de calidad de vida de los habitantes de estos pueblos, que sufren problemas de olores y de contaminación, que dificultan la posibilidad de un desarrollo turístico.

Lejos de desarrollar el turismo como un recurso a añadir a la diversidad tradicional de la explotación del medio por las economías rurales, se ha generado una ruptura entre el sector primario y el de servicios. Este último ha venido a través de inversiones foráneas, desde las que se ha dotado de puestos de trabajo a la población local. La marginación de la población rural frente a la urbanización de la actividad en torno al turismo, así como la seguridad que ofrece el salario mensual frente a la incertidumbre temporal de las explotaciones agrícolas ganaderas, han generado que los sectores jóvenes de la población que debiera constituir el relevo generacional, abandonen las actividades tradicionales para engrosar la lista de camareros que prestan servicio en hoteles y restaurante.

En el futuro de esta provincia quizás ya no tiene cabida un turismo rural, al haber pedido la oportunidad de mantener su diversidad natural y cultural, mediante el desarrollo de un modelo de gestión turística que apueste por la calidad y no por la cantidad. Ello repercutirá en el futuro evolución de los paisajes de esta tierra, así como la nueva estructura social que se desarrolle en el futuro.

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Publicado el 18 Diciembre 2011 / Fortanete