INVERTIR EN PATRIMONIO

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Visité a principios del verano el Anfiteatro y las Termas  romanas de la antigua Caesaraugusta y me gusto el trabajo desarrollado. Un trabajo serio de investigación iniciado por el profesor Antonio Beltrán, pionero de tantos proyectos para recuperar la historia de Aragón. Una inversión económica nacida del patrocinio entre el Gobierno de Aragón e IBERCAJA, en la que los  ciudadanos vemos resultados que justifican el esfuerzo realizado no solo en la recuperación de la memoria histórica de  la Ciudad de Zaragoza de hace 2000 años, también en proyectar museisticamente el proyecto como un recurso turístico.

Una experiencia que los turolenses admiramos y vemos con buenos ojos como ejemplo para poner en valor la recuperación del Mudéjar.

Cuesta comprender que ese mismo tandem, Gobierno de Aragón e IBERCAJA, unidos en torno a la empresa ARAMON para  desarrollar las montañas aragonesas, no muestre la misma sensibilidad a la hora de recuperar y conservar el Patrimonio Natural. Sus inversiones en torno a turismo de la nieve ponen en jaque los Valores Naturales de nuestras montañas del Pirineo y del Sistema Ibérico.  Su única apuesta por ampliar pistas de esquí deja en el olvido otros recursos  necesarios tanto para la conservación de los paisajes como para el desarrollo biodiversificado de la sociedad montañesa. La obcecación por la especulación urbanística en las montañas puede ser la causa del abandono de usos tradicionales de valor cultural, medioambiental y garantes de un uso sostenible del territorio.

Es posible que la causa sea, que no existe la misma presión social a la hora de reconocer el valor del  Patrimonio Natural. En este aspecto  la responsabilidad de pedir la Conservación del Medio Natural es de todos los ciudadanos. Pero no es justificación para que Aragón no legisle una Ley de las Montañas donde el bienestar económico y social de sus habitantes no este reñido con la necesidad de conservar el paisaje y la biodiversidad. No es causa para que la principal entidad bancaria aragonesa olvide la necesidad de proteger el Medio Ambiente en su apuesta por el desarrollo de este territorio.

 

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Publicado el 1 de agosto de 2004 – Teruel

 

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AÑO DE LLUVIAS, LAGUNAS LLENAS

 

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Dicen mis amigos de OTUS, José Antonio Sánchez y Antonio Torrijo, astutos y observadores como el zorro de la paramera en donde tantas horas pasan fotografiando, observando y estudiando su fauna y flora, que el dicho de que antes llovía más solo se justifica porque en aquellos años se andaba con albarcas por el campo.

Años de bonanza en lluvias, como los dos últimos, han hecho rebrotar los húmedales más significativos de nuestras Comarcas. Gallocanta, Las Saladas de Alcañiz, la Laguna de Bezas han recuperado niveles históricos en su nivel de agua, y lagunas desecadas hace siglos como la del Cañizar de Villarquemado ha surgido entre campos para mostrarnos su potencial biológico.

Es muy molesto sentir el atardecer en estos húmedales con el ataque de miles de mosquitos, pero se compensa al  contemplar la rica variedad de formas de vida  que se desarrolla en torno al agua.

Desde  hace 20 años se viene demandando a la Administración Pública, que asuma su responsabilidad de conservar estos ecosistemas. La respuesta ha sido, quizás confiando en que las lluvias ya nunca llegarían para volver a llenar lagunas,  dar largas y mano libre a actuaciones   agrícolas agresivas con el medio natural.

Hoy con una autonomía aragonesa, comarcal y local, esperamos que los moradores de estas tierras   sean responsables de conservar este patrimonio. Estos tiempos  en que en estas tierras es  difícil competir en agricultura de cantidad, solo queda la apuesta de la calidad. Una calidad que no solo se demanda en los productos a consumir  sino en la conservación de paisajes y valiosos espacios naturales, cuya protección debe financiar toda la sociedad con medidas agroambientales  orientadas a agricultores, que día a día se convierten en gestores del Patrimonio Natural.

Las fotografías que hoy nos ofrece el campo, bancales de maíz con pivotes de regadío dentro de la Laguna Saladas de Alcañiz,  drenajes que impiden recuperar el esplendor de la Laguna de Cañizar o la fatal de una figura legal de protección a la Laguna de Gallocanta, debieran ser motivo para acelerar la conservación de estos lugares por el Gobierno de Aragon.

 

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Publicado el 14 de Junio de 2004, Villarquemado

DESARROLLO SOSTENIBLE EN LA SIERRA DE GUDAR

 

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Cuando se habla de biodiversidad, instintivamente giramos la vista hacia  las diversas formas de vida animal o vegetal en estado silvestre.  Olvidamos, que en nuestro país, los aprovechamientos tradiciones de los recursos naturales son responsables no solo de un amplio abanico de especies domésticas de ganado e incluso de plantas de cultivo, si no también de una rica variedad de aspectos culturales, que son los protagonistas  del estado actual de los paisajes. En la Sierra de Gudar  conviven  endemismos floristicos exclusivos de estas montañas mediterráneas y fosiles vivos de bosques de Pino Negro,  junto a pastizales  modelados por la gestión ganadera tradicional  con especies de ganado ovino, que surgieron  de las singulares caracteristicas de estas tierras, como la oveja cartera.

Estos paisajes antrópicos, representan hoy un recurso demandado por un sector de la sociedad  moderna, ante todo urbana, en la que el tiempo libre se ha convertido en un objeto más de consumo, entre  el que se incluye  el denominado turismo rural. Una inadecuada gestión de este  recurso, el turismo, puede ser responsable no solo de una perdida de especies faunisticas y vegetales, si no también de elementos culturales de la comarca, claves para la conservación de aquellas.

Las infraestructuras, que requiere el desarrollo del turismo, puede poner en jaque los valores naturales de la montaña de Gudar. Se necesitan  rigurosos  estudios de impacto  ambientales, ajustados a criterios marcados por directiva europea, que no tienen porque concluir en que aquellas no se ejecuten, sino forzar mecanismos  de corrección ambiental que minimicen el impacto sobre el territorio y los hagan compatibles con una política de conservación del medio ambiente.

La potenciación del sector servicios puede desequilibrar el modelo socioeconómico establecido en los pueblos de esta Comarca. Su impulso, el apoyo económico, un mayor reconocimiento  social e incluso  mejor calidad de vida de la población vinculada a este sector, puede provocar  el abandono de los aprovechamientos tradicionales, la extinción del legado cultural responsable del estado actual de estos paisajes turolenses.

Todos estos aspectos  deben ser tenidos en cuenta a la hora de promocionar estas Comarcas con nuevos modelos de gestión, aún cuando estos contemplen la posible declaración de Parque Natural.

Es interesante  que la Comarca establezca un desarrollo endógeno. Siendo  deseable  que se establezca mecanismos para que el turismo, en su mayor parte, se oriente  en torno  a  Masias o unidades familiares agrarias, con una oferta de alojamiento en régimen de casa rural, incorporando a la gestión tradicional  (agrícola, ganadera o forestal),  otro recurso complementario,  como es el turismo.

Una oferta valida,  por cuanto:  desarrolla conjuntamente el aspecto cultural y natural, que demanda los clientes  de este producto  turístico en torno  a áreas rurales en buen estado de conservación; representa un desarrollo complementario a la economía tradicional de la zona, limando diferencias sociales y económicas entre el sector primario y el sector servicios; y posibilita el mantenimiento de los aprovechamientos tradiciones, respetuosos con el medio ambiente y responsables del optimo estado de estos ecosistemas de montaña, legado que debe ser declarado Parque Natural en reconocimiento a su valía y en aras de su conservación.

El proceso de aprobación del PORN de Gudar  debe forzar  a sus ciudadanos a  sentarse en una mesa para  definir cual es el modelo de desarrollo socioeconómico por el que se apuesta en el futuro de esta Comarca. Un modelo  que debe revitalizar  estos pueblos con una tendencia agravante hacia la despoblación, pero que no debe olvidar la conservación de aquellos aspectos  que posibilitan una optima calidad de vida de  sus habitantes, difícil de encontrar en otros territorios del país.

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Publicado el 21 de enero de 2000 – Allepuz

GIGANTES-DESECHOS

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Creo recordar  una bicicleta en la portada del libro “lo pequeño es hermoso”. Publicado en 1973 por el economista E.F. Schumacher es considerado como uno de los libros más influyentes de la segunda mitad del siglo XX por su propuestas del fomento de las “tecnologías intermedias”, tecnologías que requieren menor inversión de capital y son menos exigentes en su consumo de materias primas.

Una bicicleta parecida a la que permanece aparcada en la puerta de Urgencias del Hospital de Teruel. Esta lleva alforjas para cargar ideas y proyectos, transportar reflexiones y llegar a todas  partes sin humos ni ruidos. Es  la bici con la que Remedios Clérigues rompe la inercia del reposo y comienza a moverse por la Ciudad.

Reme es artista. Su material de trabajo es chatarra,  metralla de la última guerra civil  y  desechos arrojados a la basura por una sociedad consumista y derrochadora, la nuestra. Lo  pone de nuevo en circulación en otro carril distinto a aquél para el que fueron creados, el de la reflexión de la búsqueda de un mundo pacifico  y solidario. Fija equilibrio y dá cordura  a la locura de fabricar para matar, a la  de crear para tirar. Para ello cuenta con la solidaridad de amigos y familia que le apoyan en la elaboración de su obra y en el compromiso de llevar su mensaje a la sociedad.

Enredada en el año del Quijote, su último trabajo, expuesto en la Residencia Internado de Santa Emerenciana, recoge  gigantas y gigantes mostrando los caminos y andanzas  que el Hidalgo tomaría en el siglo XXI. Vidente,  entre aquellos cegados por la alucinación de creer vivir en un mundo de sueño envuelto con papel de dinero. Una ilusión gestada por una minoría privilegiada,  sobre la base del expolio y la colonización de los recursos del Planeta. Una minoría, que cierra sus puertas a aquellos que huyen de su tierra  quemada por la guerra y la pobreza. De esa tierra sóloparece importarnos importa tomar sus recursos ó verter nuestros residuos,  en nada las gentes que sufren el hambre, la enfermedad, la tiranía de dictadores al servicio de ellos mismos y de occidente.

Visitada la exposición y escuchada su voz, nos toca al ciudadano continuar  el camino siguiendo la senda  abierta por la artista. Enfundarnos la obligación  de que otro mundo es posible y en él  otros valores precisan primar frente a la economía  de usar y tirar. La obra de Reme, GIGANTES-DESECHOS, muestra la necesidad de dar sentido a nuestra vida, si en verdad queremos que tenga posibilidades de continuar.

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Publicado el 26 de mayo de 2005 – Teruel

LA EXPERIENCIA ECOLOGISTA EN TERUEL / DESARROLLO SOSTENIBLE

 

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Los criterios surgidos durante  la última década desde diversos foros internaciones sobre sostenibilidad y biodiversidad, han hecho evolucionar las políticas de conservación hacia modelos integrales en el desarrollo de los territorio con una visión global sobre los mismos.

Esta evolución, que ya empezó a observarse en la Ley 4/89 de Conservación de la Naturaleza y se consolidó con los objetivos de la Directiva hábitat de la Unión Europea, se ha ratificado con el Convenio de Biodiversidad firmado en la Conferencia de Río de 1992.

El Convenio de Biodiversidad vuelve a incidir en este término entendiendo como Biodiversidad: la variedad de la vida en sus formas genéticas, de especies y de comunidades y en el mantenimiento de los procesos ecológicos. Establece como herramienta básica, además de las medidas de conservación necesarias, el uso racional de los recursos biológicos. Entiende por ello, que dicho uso por parte de las generaciones presentes no merme la potencial utilización que puedan hacer de ellos las generaciones futuras. Esto supone la consideración de la Biodiversidad como responsabilidad común de la humanidad e implica necesariamente la adopción, con criterios básicos, del concepto de responsabilidad compartida y el principio de precaución en la utilización de los recursos.

De esta manera, la contradicción entre explotación y conservación queda solucionada conceptualmente, pero el uso del término  sostenible sería un significado  más sin repercusiones reales sino se lleva el concepto a la práctica impregnando todas las actuaciones de la sociedad sobre la naturaleza.

Para ello, el propio Convenio establece la necesidad y la obligación de que se elaboren estrategias, planes o programas nacionales en relación con los objetivos del mismo, e integren la conservación y la utilización sostenible le de la diversidad biológica en los planes, programas y políticas sectoriales e intersectoriales.

En Aragón estos principios, por influencia del V PROGRAMA DE DESARROLLO DE LA COMUNIDAD EUROPEA, quedaron plasmados en la Ley de Ordenación del Territorio, tal vez demasiado olvidada en sus desarrollo y ejecución, cuyas directrices han sido publicadas tímidamente este año, con una  escasa repercusión social, lo que es grave  si tenemos en cuenta que en ellas debe quedar plasmado la planificación territorial de nuestro territorio, por cuanto debería ser de máximo interés para los pobladores.

La presión social en Aragón hacia la ejecución de un modelo de desarrollo sostenible que tenga en cuenta la conservación de la naturaleza origina protestas ciudadanas. Estas surgen ante el temor de que aquél pueda suponer un freno al desarrollo, teniendo en cuenta que en su amplia extensión territorial  más de la mitad de la población vive en la ciudad de Zaragoza y cientos de municipios tienen menos de 1000 habitantes, alguno con no más de 100 habitantes y muchos totalmente despoblados. Son espacios, muy deprimidos socio-económicamente, que actualmente cuentan con  expectativas de acceder a proyectos de desarrollo en torno a un turismo de masas o con contactos con empresas que acuden al reclamo de subvenciones con proyectos de dudosa rentabilidad y con difícil cabida en una sociedad exigente en el cumplimiento de la normativa medioambiental que se impone en una Europa  que prepara su entrada en el nuevo milenio.

Este descontento de ciertas áreas de Aragón con una política de conservación de la naturaleza ha quedado de manifiesto en la recientemente aprobada Ley de Espacios Naturales Protegidos de Aragón. Incompresiblemente se echa en falta un listado de lugares de interés o,  al menos, unos plazos para iniciar los trámites del estudio de su declaración.

De la misma manera el Gobierno de Aragón se ha quedado corto en su propuesta de listado de espacios que deban  ser declarados de Interés Comunitario e incluirlos en la futura RED NATURA 2000. Europa pretende con esta medida recoger una amplia representación de los ecosistemas de su espacio territorial cuya conservación se hace necesaria para salvaguardar la Biodiversidad.

Los diversos órganos de participación pública, especialmente el de la Comisión Provincial de Ordenación del Territorio donde se evalúan que los diferentes proyectos urbanísticos ó industriales se ajusten a los criterios marcados por la normativa sectorial, se tornan excesivamente políticos en detrimento de criterios técnicos. De estos órganos surgen, apoyadas por el criterio de la mayoría, las directrices políticas marcadas por el Gobierno, subestimando los estudios de impacto territorial y ambiental contraviniendo incluso los dictámenes de sus propias ponencias técnicas.

Centrándonos en Teruel, el estancamiento socio-económico, que históricamente atraviesa, fuerza a que intente acelerar una salida a su situación para no perder el tren del desarrollo industrial  del que se descolgó  décadas atrás. En ese  intento se acerca hacia modelos desarrollista hoy descartados. Debería analizar racionalmente sus propuesta de  desarrollo, y mirar el futuro en torno al nuevo orden socio-económico surgido tras nuestra incorporación a la Unión Europea. En este sentido hemos de denunciar como, en general, el dinero escapa hacia oportunistas de subvenciones que acceden al reclamo de las ofertas de esta provincia. Pensamos, que se han desaprovechado los fondos estructurales recibidos desde la Unión Europea, cuyo objetivo debiera haber sido  preparar a esta provincia ante el desafío en que su comunidad se enfrenta  en los tiempños cercanos del nuevo siglo que llega.

En este sentido se sigue apostando por grandes proyectos en detrimento del apoyo a la explotación familiar, base del sustento del sector primario en esta provincia. Existe demasiada angustia por las perspectivas de pérdida de población. Se ignora que existen gentes empeñadas en seguir y continuar viviendo aquí, atendiendo a una serie de valores positivos de vivir en un pueblo. Y pensamos, que son precisamente estas pequeñas iniciativas, en muchos casos con serias dificultades para financiarse, las que deben recibir más apoyo institucional, teniendo en cuenta que no por pequeñas representan menos garantía con respecto a grandes proyectos empresariales.

Se olvida el alto valor ecológico de este territorio. Dado el  estado de degradación en el que se encuentran amplias áreas industriales muy desarrolladas de la Comunidad Europea, paraísos naturales muy asilvestrados, como son  los montes turolenses, adquieren un gran valor. Además, los valores culturales de la población rural todavía no están recluidos en archivos del pasado reciente, ello posibilita continuar con una la gestión tradicional que ha modelado estos paisajes y ecosistemas.

En esta situación se encuentran: la Sierra de Albarracín, la Sierra de Javalambre, la Sierra de Gúdar y del Maestrazgo, los Puertos de Beceite, las Sierras de Cucalón  y Fonfría,  la Cuenca del Jiloca y de Gallocanta, las Estepas del Bajo Arágón o los pueblos del Matarranya. Aunque también encontramos ejemplos de desarrollo acelerados  que se desvanecen al paso de unas décadas de actividad, como son:  la experiencia vivida en torno a la Central Térmica de Aliaga, las Minas de Hierro de Ojos Negros ó recientemente la Cuenca Minera Central de Utrillas-Montalbán-Escucha y la de Andorra.

Se ha pretendido, y así lo ha asumido la población, que los programas de Conservación de Espacios Protegidos van reñidos con los de desarrollo.

Hasta la fecha la declaración de un espacio protegido ha supuesto:

  • La masificación y explotación turística de espacios naturales. Difícil de determinar si por los atractivos del enclave o por la expansión de la sociedad postindustrial que necesita de lugares naturales silvestres, verdes y al aire libre. El consumo de naturaleza entra dentro de su modo de vida.
  • El protagonismo en la económica de estos espacios rurales del sector terciario, abandonando explotaciones agrícolas, ganaderas y forestales en el medio rural. Si estas eran las responsables de la morfología y composición del ecosistema, su desaparición va acompañada del nacimiento de otras formas de explotación del entorno: camping, senderos, urbanizaciones, actividades de deporte de aventura, 4×4, etc…, con nuevos impactos ambientales vinculados al uso del territorio  demanda  el sector servicios. En ocasiones, frecuentes, se desarrollan en tiempos tan rápidos que la naturaleza no es capaz de adaptarse a los cambios sin sufrir un colapso de sus formas actuales de vida.

Por otra parte, la ausencia de pautas que favorezcan la sostenibilidad en el conjunto de las actividades de la sociedad humana van acompañadas de una intensificación, apoyada por la cultura urbana desligada del territorio y sensibilizada por mensajes televisivos, de las actuaciones proteccionistas a los lugares declarados protegidos. Es  la Legislación de Espacios Protegidos la única en la que va a primar los estudios de impacto territorial y ambiental y donde se podrá poner freno a proyectos de parques eólicos, minicentrales eléctricas, embalses, canteras, etc…. Es una tendencia de la cultura de las ciudades la de crear tesoros naturales como testigos museísticos del territorio, cerrando los ojos a la responsabilidad en el deterioro ambiental de su propio modo de vida.

En cierta manera esta justificado que la población rural desconfíe de la declaración de espacios protegidos. Hemos de tener en cuenta el escaso papel que juegan en nuestro modelo socio-económico. Lo comprobamos al  dirigir  la vista hacia el presupuesto de Aragón, a los destinos del Fondo del Plan Teruel, del fondo MINER y otros, comprobando  las escasas inversiones que directamente revierten en mejorar las condiciones de vida de sus habitantes, de las explotaciones familiares agro-ganaderas. Y eso que sus demandas no exigen grandes cantidades de dinero. En muchos casos, además de las justas peticiones en educación y sanidad, se centran en medidas como cobertura telefónica o mejora de corrales, vías pecuarias o refugios para ganaderos, que  revierten directamente en conservación del territorio y valores culturales.

Sin embargo no hemos de olvidar que la declaración de Espacios Protegidos puede favorecer la entrada de fondos destinados a compensaciones destinadas a incentivar modelos de desarrollo sostenible entorno a actividades tradicionales directamente implicadas con la conservación de los valores naturales que se protegen. Teniendo en cuenta que cada vez entra menos dinero de fondos estructurales, al igualarse nuestra economía a la del restos de países europeos –somos actualmente uno de los ricos al menos así nos presentamos ante el desafío de la unión monetaria europea-, ello puede ser determinantes para destinar  fondos a unas zonas u otras.

Asimismo la declaración de un Espacio Protegido va a ser en sí misma un reclamo de atracción de cara a un desarrollo turístico y va a posibilitar  la adopción de medidas de control del impacto turístico regulando ciertos usos, teniendo en cuenta que alguna normativa se ha quedado anticuada, como la preconstitucional Ley de Montes.

La Ley forestal (Ley de Montes de 8 de junio de 1957), que deberá ser adaptada, a la mayor brevedad posible, a los preceptos de la Constitución, establece que son públicos los montes del Estado, entidades locales, etc…, adscritos a un servicio público sean o no de utilidad pública y este o no catalogado. En ellos la libertad de uso y disfrute turístico o de observación de la naturaleza es pleno, con excepción de lo que en cada caso determinado se disponga de cara a la prevención de incendio forestales.

Amparándonos en el art. 45 de la Constitución, que reconoce el derecho al disfrute de un medio ambiente adecuado para el desarrollo de la persona y el deber de conservarlo, sin olvidar el artículo 139.1, que establece que todos los españoles tienen los mismos derechos y obligaciones en cualquier parte del territorio del Estado, la Ley de Montes difícilmente puede regular limitaciones de disfrute del medio ambiente, a no ser por medidas de prevención de incendios. Por lo tanto tendremos que recurrir a la Ley 4/89 de Conservación de los Espacios Naturales de la Flora y Fauna Silvestre y a la Ley de Espacios Protegidos de Aragón, como desarrollo de los principios de la Constitución, que recogiendo los cambios sociales y el incremente del uso del medio natural como ocio y recreo, sí que establece medidas de control, garantizando  su conservación en aquellos espacios de protección especial.

En este sentido hemos de hacer hincapié en que la declaración de Espacios Protegidos no vulnera derechos de propiedad, tanto privadas como patrimoniales de ayuntamientos, y en si mismo no establece más limitaciones que las ya existentes por  la legislación actual sectorial en materia forestal, incendios forestales, urbanismo u otros usos del territorio.

Hemos de dejar clara la configuración del derecho de propiedad que cita  la Constitución en su artículo 33 –literalmente dice: < 1.Se reconoce el derecho a la propiedad privada y a la herencia. 2. La función de estos derechos delimitará su contenido de acuerdo con las Leyes.>

La Constitución garantiza el derecho de propiedad, pero este derecho no reviste caracteres absolutos, sino que se halla delimitado por su función social, y en este sentido son abundantes los pronunciamientos jurisprudenciales sobre este tema que no dejan lugar a dudas sobre la posibilidad de establecer limitaciones y regular la utilización de bienes de la propiedad privada. Por  ejemplo, la Sentencia del Tribunal Constitucional de 26 de Marzo de 1987 afirma que: <La Constitución reconoce un derecho a la propiedad privada que se configura y protege, ciertamente, como un haz de facultades individuales sobre las cosas, pero también, y al mismo tiempo, como un conjunto de deberes y obligaciones establecidos con las leyes, en atención a valores o intereses de la colectividad….>.

Aunque los planes ambientales constituyen una novedad, lo que no tiene nada de nuevo en nuestro derecho ni en la práctica administrativa es el establecimiento de limitaciones y la regulación del aprovechamiento de los recursos naturales. Muchos años hace que se viene limitando y regulando la caza, la pesca, los aprovechamientos forestales, los pastos…., sin que nadie ponga en duda la capacidad de la Administración para hacerlo y sin que ello suponga una intromisión ilícita en el derecho de propiedad. No hay razón alguna para que ahora, que se pretende hacer lo mismo desde instrumentos de planificación ambiental, de nuevo cuño pero con un sólido apoyo legal, se alcen voces en contra de lo que no es más que la delimitación del contenido de la propiedad para el cumplimiento de la función social que la Constitución le atribuye.

Analizando el estado de los bosques en la provincia de Teruel, que era el motivo central de esta intervención, difícilmente podemos ofrecer otros datos y cifras que a lo largo de estos tres días han aportado  técnicos de la Comunidad Autónoma de Aragón. Reconociendo un incremento de la superficie forestal, desde los sectores ecologistas queremos hacer algunas reflexiones.

Ha de atribuirse al abandono rural el aumento de la superficie forestal, sobre todo en especies autóctonas. Nuestra preocupación actual se centra en proyectos, que comienza a revolotear en torno a un aprovechamiento intensivo de estos bosques de alto valor ecológico. Su aprovechamiento para uso doméstico entra dentro de las posibilidades de su conservación, pero una explotación intensiva para plantas industriales en torno a la fabricación de carbón vegetal, como en alguna ocasión se ha oído en zonas de esta provincia, o recientemente en torno a una planta de generación eléctrica en una incineradora de residuos forestales, podría privarnos de los beneficios de estas masas de matorral, que sobre suelos muy pobres nos ofrecen altos beneficios en protección de suelos, mejora del paisaje y ocio.

No podemos dejar de mencionar el  efecto de degradación, que desde la Central Térmica de Andorra se ha generado en amplias zonas del Maestrazgo. Sin duda es alta la deuda de nuestra provincia a esta planta industrial, pero no hemos de olvidar su gran impacto ambiental en contaminación atmosférica y, en minería a cielo abierto que ha resquebrajado amplias superficies de las Cuencas Mineras, afectando a la salud de los bosques del Maestrazgo. Nuestra vecina Comunidad Autónoma de Valencia no ha cerrado los ojos a ello y ha logrado una serie de  compensaciones, que a través de una Fundación constituida al efecto incide no sólo en cubrir las pérdidas económicas de algunos municipios, sino también en proyectos de restauración del bosque dañado.

El incremento del desarrollo del sector turístico y nuestra cercanía a un gran núcleo urbano, como es la ciudad de Valencia, ha generado la ocupación de Montes Públicos, con flora singular y valiosas, para establecer estaciones de esquí alpino apoyadas con cañones de fabricación de  nieve artificial. Esto ha originado un gran impacto en el paisaje y en poblaciones  de flora catalogada. Hemos de reconocer la demanda social de este tipo de actividades y las posibilidades económicas que ofrece a ciertos municipios. También que de una buena  gestión y planificación de estas instalaciones  puede beneficiarse el ecosistema al canalizar  en ciertos lugares la afluencia de un turismo de masas que vagando libremente por el conjunto de la Sierra podría  originar daños en otras zonas valiosas desde el punto de vista natural. Pero deberá analizarse y controlarse estrictamente la ocupación de estas instalaciones garantizando la conservación de aquellas especies y lugares con alto valor ecológico, entre los que hemos de citar el área de ocupación por Pinus Uncinata del Monegro y Peñarroya en Valdelinares. Así mismo estas instalaciones deberían ajustarse estrictamente a unos fines  muy concretos, sin grandes ambiciones no ajustadas al gran coste económico y ecológico de estas inversiones.

Por último, aunque la metodología forestal ha cambiado en los últimos años, aún pueden observarse el impacto de  la política forestal seguida no hace muchos años. Para mejorar el pinar se sacrificaban un sin fin de especies competitivas, privándonos de un mosaico variado en especies de flora de nuestros bosques, también de formaciones de  bosque maduro y árboles viejos de buen porte, garantía genética para el. Tampoco hemos de olvidar el gran impacto socioeconómico que, desde una política de repoblación forestal del territorio, sacrificó actividades ganaderas, borrando amplias culturas, biodiversidad, protagonista del modelado del paisaje de nuestras montañas y cuya recuperación deber se un reto en la política medioambiental de Aragón. Y hemos de recordar que un bosque no son sólo árboles, un mosaico de vida, con sinergias interconectadas en intercambio permanentes desde el subsuelo al espacio aéreo hace posible esas comunidades de cuyos variados servicios ambientales todos nos beneficiamos.

Hemos de mencionar, además, que extensas masas de carrascales y quejigales, hoy en expansión, lo son de rebrotes de sacas de leña para leña y carboneo. Apenas existe regeneración de semilla. Constituyen brotes de desarrollo vegetativo de escasos pies, con lo que la diversidad genética es escasa. Por ello son masas muy sensibles a perturbaciones que puedan sufrir y pueden llevarles a su desaparición. Lo mismo podríamos decir de las masas de Pinus nigra, con una gran dificultad de regeneración si el ecosistema lo reducimos a etapas iniciales tras  fuertes talas o incendios forestales.

Paradójicamente, en Teruel la única experiencia llevada a efecto  en que conservación y desarrollo evolucionan hacía modelos sostenibles, se da en una zona de aprovechamiento cerealista, con un paisaje muy alejado de ideario de espacio natural en torno a un bosque y extensos prados.. El Mas de Cirugeda, en el Campo de Visiedo, ha apostado por la agricultura ecológica y una ONG, la Sociedad Española de Ornitología, gestiona en este territorio una Reserva Ornitológica de aves esteparias.

Pero, como en el resto del país, aun nos encontramos con serias dificultades culturales para comprender que la protección del medio ambiente  es vital para  garantizar unas condiciones de vida óptimas, aportándonos necesidades que la tecnología no es capaz de crear, servicios ambientales que van desde proporcionar oxigeno, agua, madera, combustibles…, sin olvidar espacios naturales donde pasear, pensar, reflexionar. Precisamente en esta provincia, donde alcanzar modelos de desarrollo compatibles con la conservación de la naturaleza no supone grandes cambios actualmente, ni grandes proyectos de restauración, en ocasiones simplemente debemos mirar atrás para comprender las razones del éxito de las gentes que nos precedieron: laboriosidad, inteligencia y bondad. Es verdad que hay aspectos a rectificar  y contamos con la propia evolución de la humanidad en proyectos de investigación que proporciona información valiosa al respecto. También es cierto que hoy necesitamos  nuevas infraestructuras y necesidades, que deberán proyectarse con la máxima rigurosidad en medidas de evaluación, prevención y restauración   que nos permitan afrontar el reto de no tener que arrepentirnos a posteriori de acciones realizadas.

 

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Exposición presentada en la I JORNADA SOBRE EL MEDIO NATURAL, celebrada en Albarracín los días 21, 22 y 23 de octubre de 1998, como representante ecologista , en aquél momento, del Patronato del Paisaje Protegido de Los Pinares del Rodeno.
Casi 20 años después, su lectura nos invita reflexionar sobre: en que medida hemos avanzado en la conservación del medio ambiente;  si ha cambiado la tendencia de la provincia de Teruel hacía su despoblación; incluso a rectificar sobre cuestiones planteadas entonces

 

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FUEGO

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En 1994, tras el gran incendio del Maestrazgo, se habló mucho de la necesidad de prevenir  catástrofes similares  cuyas causas había que buscar en  la falta de medios, el abandono rural,  las mal llamadas repoblaciones de coníferas, las excepcionales condiciones climáticas. Se vaticinó un futuro similar para nuestros montes si no se tomaban medidas  como: mayores medios y profesionalidad  para la extinción; medidas de prevención supliendo las actividades tradicionales  que por el  éxodo rural  se estaban perdiendo en los trabajos diarios del campo;  la necesidad de rediseñar  una nueva política forestal  para definir   las especies a utilizar en repoblaciones;   la creación de franjas,   de cultivo  agrícola o ganadero,  que sirvieran para romper  extensas superficie del pinar continuo, que en caso de arder resulta  imposible   parar.

El agua de otoño parece que,  a la vez que  apago los rescoldos de los pinos,  borro  las palabras discutidas en diversos foros  desarrollados en la zona.

Este verano ha vuelto  de nuevo un año de sequía, de gran calor, en una nueva España donde el sector primario ha perdido protagonismo,  y en la que amplias extensiones de bosques son en la actualidad, ante todo, zonas de ocio y turismo. El calor del fuego de nuevo ha reavivado la tensión social volcada ante la preocupación frente a  este grave problema nacional  y, muchos nos tememos, que de nuevo conforme  las lluvias de octubre vayan  enfriando las  ascuas, se enfríen los ánimos de afrontar con seriedad  y rigor este problema nacional cuyas consecuencias son la perdida de bosques junto a  los servicios ambientales que aporta a la sociedad, sin olvidar los recursos económicos que generan a los ayutamientos y particulares propietarios.

Nos asusta que las promesas en aportar dinero público olviden controlar  su  destino final. La falta de auditorias, con participación de diferentes sectores implicados,  exigiendo  unos resultados finales  para el esfuerzo económico invertido, sea motivo para que camuflado en llamados programas de desarrollo rural,  al final el esfuerzo económico de la sociedad no sirva para  lograr mayor seguridad en la conservación de  robledales, encinares, hayedos y pinares,  y dentro de unos años volvamos a volver a tener que  hablar de lo mismo.

 

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Publicado el 6 de septiembre de 2005 – Vilarluengo