VAQUILLAS, UN AÑO MÁS

 

 

vaquilla 1

 

La memoria cercana conserva  una imagen de  Teruel recuperándose  de la barbarie  tras la guerra civil,  viviendo la opresión de los vencedores  que imponen su moral.

Fiestas de  Julio, que empalman con jornadas de siega en los mismos caminos por los que entran los toros que en la madrugada se corren ensogados por las calles. Días en los que  la gente de esta ciudad respira la Libertad, que  se les niega el resto del año. Cantos,  bailes, amoríos de cuerpos unidos sin la mirada de curas y beatas; mozos viviendo al límite en la noche,  para en la mañana ir al encuentro del riesgo con el toro.

La modernidad también ha llegado hasta este lugar del mundo. Y en la actualidad,  es frecuente confundir la Libertad de estos días de fiesta,  con no asumir la necesidad de poner límites, que no debieran entorpecer la fiesta y sí mejorarla.

Las  Peñas, junto a exposiciones de fotos y  conferencias, debieran debatir  los riesgos que implica  dejarse llevar por la marea surgida de la atracción de un modelo global urbano, que cada noche de fin de semana puede encontrarse en determinadas rutas de la geografía del país. Esta asumido limitar los riesgos del toro, aunque ello conlleva incrementar el sufrimiento del animal, ¿porque no marcar otros límites?. Desde cuestionar este símbolo de la fiesta,  cuando la bravura  termina siendo una mole de carne con astas  que se ahoga por la presión de una cuerda oprimiéndole la huida; a dudar del poder del dinero para organizar la fiesta, perdiendo la imaginación protagonismo. No desviar la mirada de la basura generada, asumiendo todos una fiesta más limpia, que facilite una gestión lógica de los miles de toneladas de desperdicios, debemos reflexionar sobre los miles de litros de agua mezclados con química,  usados  para límpiar calles y plaza. También  analizar la sobrecarga humana, admitiendo que llenar la ciudad de más población no implica mayor beneficio, ni para la  fiestani  para los intereses que giran en torno a su órbita.

Sin duda es utópico pensar  hoy en una fiesta a base de jotas, bota, cecina de oveja ó arenque de cuba. Valorar ese poso de lo autentico de la fiesta, que perdura en el recuerdo de todos los que hemos disfrutado de ellas,  frente a tantas ilusiones volátiles, nos ha de permitir  distinguirlo de las  importaciones modernas,  que no aportan mejoras a la tradición.

 

…………………………………………………………………………

Publicado el 28 de Junio de 2005, Teruel
Anuncios

EL PASTOREO, UNA ESPERANZA PARA EL BUITRE

IMGP2643

 

El vertedero de residuos urbanos de Teruel acoge quinientos buitres leonados (Gyps fulvus), rebuscando en la basura. Cuando hace veinticinco años debatíamos el futuro de la especie, difícilmente podríamos prever que terminaría comiendo en basureros. Tampoco que se impondrían sistemas de alto coste energético para retirar los cadáveres de las granjas y que estas se iban incrementar frente a la ganadería extensiva, con lo que los campos se iban a vaciar de ganados paciendo.

Pero hoy en día sigo creyendo que los buitres son la mejor manera de eliminar cadáveres de animales que mueren en el campo. Y la ganadería extensiva, la forma más racional de producir carne y de moldear esos paisajes surgidos de la integración entre un modelo socioeconómico y la conservación ambiental.

Nuestra incorporación a una cultura urbana e industrial nos ha hecho olvidar las pautas que han permitido a España conservar una de los mayores índices de biodiversidad de Europa. Por eso, entre las alternativas que se presentan para el futuro, debemos apostar sin dudarlo por una economía agroganadera capaz de ofrecer calidad frente a cantidad.

La aportación de este modelo a la conservación de esos gigantes alados que son los buitres se presenta como una simbiosis que debe ser apoyada, al menos, por unos consumidores capaces de distinguir no sólo las diferentes calidades del mercado; también las formas de producción capaces de aportar, además de los productos comerciales, el mantenimiento de valores y servicios ambientales, que no por gratuitos son menos valiosos e imprescindibles. Las administraciones públicas también deben afrontar este.

…………………………………………………………………..

Publicado en Octubre 2007 – Valdecebro

 

 

 

 

ALAMEDA DE VALDECEBRO

 

CHOPOS CABECEROS RIOS ALFAMBRA - copia

Se localiza  un pequeño bosque de álamos  en el barrio pedaneo de Valdecebro, a escasa distancia de la ciudad de Teruel. Pese a sus escasas dimensiones, no más de 500 metros de longitud entre los límites de la carretera Teruel a Valdecebro y el lavadero del pueblo, siguiendo la rambla del río Seco que baja desde el alto de Cabigordo,  se extiende este bosque galería donde  se observa  la adaptación de la vegetación más exigente en humedad aprovechando  el fondo del valle, en un territorio seco, más bien árido,  donde el entorno son extensos campos de cereal o cabezos de aliagas y espliegos, lindando con las masas forestales de las estribaciones de la Sierra,  donde se sitúan extensos Pinares de las variedades negral y silvestre, junto a masas de rebollar  y carrascales.

El álamo blanco, el chopo negro, el majuelo, el  rosal silvestre, la zarza de moras,  en línea siguiendo el cauce del arroyo  constituyen la singularidades de este ecosistema utilizado para sestear los rebaños en el verano,  cuando la transpiración de estas plantas aprovechando el bombeo del agua subterránea a través de sus raíces dan frescura a su entorno. Una gran variedad de aves salpican  las ramas -carpinteros verdes, carboneros, agateadores ó pinzones-,  encuentran ahí  un medio menos hostil, que en primavera y verano aporta el alimento de multitud de insectos, y, en otoño  un abanico de frutos importantes para llenar su cuerpo de las grasas necesarias para afrontar los rigores del invierno.

Para quien haya visitado el Norte de Africa,  este paisaje es un oasis  donde las palmeras son  sustituida por los chopos. Ideal para curar extremas melancolías de quien huye de las prisas,  el ruido, el estrés de una ciudad,  que a pesar de conservar pequeñas callejuelas y donde las distancias no marcan el ritmo de la vida, sus ciudadanos se empeñan en imitar a las urbes vecinas, aspirando a engrosar la lista de lugares inhabitables donde nos empeñamos en vivir en multitud.

En los tórridos días del verano, resguardados a la sombra de los chopos, con la vista en el abrevadero de ganados y mulas, serenémonos observando la alta variedad de pájaros y otras aves que acuden a calmar su sed.

 

………………………………………………………………………..

Publicado el 16 de marzo de 2004 – Valdecebro